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NÓMADAS Y VIAJANTES

El Papa, rodeado de niños, esta semana, en el Vaticano. 

ANGELO CARCONI (EFE)

¿Está Bannon detrás del ataque a Francisco?

Ramón Lobo

La campaña contra el Pontífice comenzó al poco de su elección al no gustar sus loas a monseñor Romero, asesinado por la extrema derecha

No existen papas progresistas, solo conservadores y ultraconservadores. Ni siquiera se puede considerar un poco socialdemócrata al venerado Juan XXIII, impulsor del Concilio Vaticano II, una bocanada de aire fresco, sobre todo en sus inicios. Aunque procedía de un ambiente muy conservador fue inteligente, supo que debía abrir la Iglesia para salvarla de sí misma. El actual Pontífice, Francisco, está en esa onda de cambio. Transmite simpatía y realismo. Además, es jesuita, etiqueta que lo convirtió en sospechoso súbito para el universo ultra.

La campaña contra Francisco comenzó pocos días después de su elección, el 13 de marzo del 2013. No gustaron sus loas a monseñor Romero, el obispo de San Salvador asesinado por la extrema derecha de su país, o que recibiera en el Vaticano a Gustavo Gutiérrez, fundador de la Teología de la Liberación, un proscrito en los dos papados anteriores. Tampoco gustaron sus nombramientos ni que fulminara al todo poderoso cardenal Tarsicio Bertone, más próximo a los Médicis que a una Iglesia ejemplar y moderna.

Sus primeras palabras desataron las alarmas: "Sueño con una Iglesia pobre y para los pobres". Sonaban a Juan Pablo I, "el Papa de la sonrisa", que anhelaba alejarse de las riquezas del Vaticano por coherencia y murió en circunstancias nunca aclaradas que alentaron decenas de teorías conspiranóicas. Francisco también debió ver algún paralelismo porque decidió no vivir en los aposentos papales.

Daño a la institución

El asunto empeoró cuando Francisco emprendió una ofensiva contra la pederastia dentro de la Iglesia. Pese a estar más cerca de la cosmética que de la sublevación moral, muchos se sintieron amenazados. No solo estaba en el punto de mira el abuso de niños –y monjas--, sino una política oficial de ocultación y protección sistemática de los depredadores. Los críticos decían que airear los casos dañaba a la Iglesia. Le culpan del destino judicial del cardenal australiano George Pell, el cargo más importante condenado (a seis años) por pederastia. La Iglesia empieza a dejar de ser intocable para los poderes terrenales.

Lo extraño es que el mismo asunto sirva de ariete en la actual ofensiva para acusarle de lo contrario, de pasividad, de haber protegido a varios obispos, sobre todo latinoamericanos. Pese que este papa se ha mostrado vacilante en la profundidad de la limpieza y de no haber estado cerca de las víctimas, ha hecho mucho más que Benedicto XVI y Juan Pablo II. El segundo, ya santo, favoreció el ocultamiento.

Los ultraconservadores comenzaron a organizarse tras la publicación de la encíclica Amoris Laetitia, en abril de 2016, que consideran repleta de errores doctrinales. Sostienen que es confusa e interpretable en asuntos clave como la comunión de los divorciados. Cuatro cardenales lideran esta facción: Carlo Caffarra, Walter Brandmüller, Raymond Burke y Joachim Meisner.

Recuerdan que el matrimonio es indisoluble, y que no puede haber una segunda oportunidad para los divorciados vueltos a casar por lo civil. No deben estar al tanto del negocio de las anulaciones, que es similar al de las indulgencias que tanto enfadó a Lutero. También critican la política de acercamiento al mundo protestante y que se discuta el papel de la mujer en el sacerdocio. Les irritó sobremanera que Francisco dijera que "las intenciones de Lutero no eran erróneas".

Peticiones de renuncia                                                                                                            

¿Quién está detrás de esta campaña? No deberíamos desligar lo que sucede en política, la ola xenófoba que pretende expulsar a migrantes y musulmanes, y revertir leyes como la del aborto (lo han logrado en Alabama), con el ataque a Francisco. Algunos analistas anglosajones sitúan detrás de los tejemanejes al omnipresente Steve Bannonexconsejero de Trump, y agitador global de partidos similares a VOX.

No hay pruebas, solo señales. Una sería el exeditor de Breitbart y exmano derecha de Bannon, Milos Yiannopoulos acaba de publicar un libro titulado Diabólico, en el que acusa al Papa de pasividad en los abusos. Hace unos días, un grupo tradicionalista formado por 19 sacerdotes y varios académicos, que incluye al teólogo dominico Aidan Nichols, publicó una carta en la que exige la renuncia del Pontífice, o su destitución. Consideran herético que el papa diga que los homosexuales pueden ir al cielo si han sido buenos cristianos.

Detrás de esta ofensiva se esconde algo tan mundano: la lucha descarnada por el poder liderada por dos grupos ultraconservadores que se sienten ignorados: el Opus Dei y el Camino Neocatecumenal (conocidos como los kikos por su fundador Kiko Argüello).

La guerra contra este Papa cuenta con numerosos adeptos en España –país que aún no ha visitado--. Están  liderados entre bambalinas por el cardenal Rouco Varela, dominan la Conferencia Episcopal y se sienten próximos al PP y a VOX. Su rostro más visible y locuaz es Juan Antonio Reig, obispo de Alcalá de Henares, experto en homosexuales, feministas y tonterías.