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Internet

Un visitante usa su teléfono junto a un cartel de 5G en el estand de Intel.

JOSEP LAGO (AFP)

Sobre la 'cibercosa'

Ramon-Jordi Moles

Las ciberamenazas y la desinformación en las redes no son más que adaptaciones modernas de amenazas antiguas

Internet ha generado una nueva economía, pero también unas nuevas amenazas. De acuerdo con esto, parece que aumenta la conciencia de que ciberterrorismo y manipulación informativa (noticias falsas o 'fake news') son riesgos críticos, hasta el punto de que la Unión Europea incluye el ataque cibernético entre las causas de respaldo militar entre sus socios, o que la Moncloa disponga de una unidad operativa contra la desinformación. Las ciberamenazas y la desinformación en las redes no son más que adaptaciones modernas de amenazas antiguas. Lo distinto son los medios, más sofisticados y con un potencial más devastador. Y la cosa va a peor: la tecnología 5G va a incrementar la capacidad de compartir datos y la velocidad de su transmisión, lo que supone que miles de millones de objetos conectados (televisores, trenes, coches o plantas industriales) se van a convertir en agentes encubiertos que nos van a exponer a la posibilidad de múltiples ciberataques.

El factor humano

Las ciberamenazas requieren de tres factores: redes de telecomunicaciones, objetos conectados y factor humano. Como casi siempre, es este último, el humano, el factor clave: la tecnología por sí sola, hasta hoy, es un elemento neutro; la maldad es humana y lo humano es público o privado, luego la 'cibermaldad' es también pública y privada. Contra lo que pueda parecer en un principio, no todos los 'hackers' son privados. No estamos ante una lucha entre la bondad del poder y la maldad de los 'hackers'. También el poder actúa a veces como un 'hacker' que miente o censura en su beneficio particular, sea este económico, político o geoestratégico. Y quienes lo hacen en su nombre actúan desde la inmunidad que otorga el poder.

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Así, el poder, más allá de su actividad lícita y legal en defensa de la seguridad, actúa también en ocasiones cortocircuitando la libertad de tráfico en las redes o difundiendo noticias falsas. Ejemplo de lo primero, la censura sistemática e indisimulada que imponen las autoridades chinas al tráfico de internet o la igualmente sistemática, aunque más disimulada, que ejercen agencias estatales de otros países. De lo segundo, el escándalo de Cambridge Analytica y Facebook en el uso de datos en campañas electorales o la manipulación informativa propia de los populismos de Putin Trump. O ya en nuestros lares, el ministro Borrell afirmando que en América se mataron solo “cuatro indios”, las mentiras de Zapatero sobre los “brotes verdes de la economía” para negar la crisis económica, o las de Aznar y Acebes sobre la autoría del atentado del 11-M o sobre la existencia de armas químicas para justificar la invasión de Irak, o las de Rajoy y sus “hilillos de plastilina” para quitar importancia al desastre del 'Prestige', o las de Fraga bañándose en Palomares en tiempos de la dictadura de Franco para desdramatizar el accidente nuclear. Y es que, no se sorprendan, siendo la mentira intrínseca al poder, a este no le importan los medios que pueda usar: la 'cibercosa' no es más que uno de los muchos a su disposición.