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Al contrataque

Una niña siria juega en un campo de refugiados griego.

PETROS GIANNAKOURIS (AP)

Otras infancias

Ana Pastor

Ssve the Children nos recuerda que hay 143 millones de niños y niñas que viven en zonas en guerra

Los niños tienen una especial capacidad para adaptarse y sobrevivir a las situaciones más adversas de la vida. Es impactante comprobar cómo alguien con solo tres o cuatro de edad es capaz de sobreponerse a la escena más terrible que sus ojos puedan haber presenciado. Imágenes reales que de adultos nos destrozarían para siempre.

Millones de personas en todo el mundo viven en países en conflicto y, según el último informe de la organización Save the Children, el número de niños y niñas que viven en esos lugares se ha duplicado desde el final de la guerra fría. Es una realidad contrastable solo con visionar cualquier informativo a día de hoy. Esos rostros infantiles con mirada ausente y dura. Esas expresiones de terror en cuerpos vivos pero paralizados. Hablamos de los 142 millones de niños y niñas que, según la misma fuente, viven en países donde las guerras y enfrentamientos se cobran más de mil muertes al año. Un dato más: el 72% de las muertes y lesiones de menores en las zonas de guerra se deben a atentados suicidas, minas terrestres, municiones sin detonar, ataques aéreos y otros tipos de explosivos.

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¿Se puede hacer algo? Desde Save the Children proponen medidas concretas. Por ejemplo, piden al Gobierno español, que está a punto de comenzar una nueva andadura legislativa, que suspenda de manera inmediata la venta de armas a países en guerra. Desde la organización apuntan que ese material bélico puede ser utilizado en “ataques deliberados” contra la infancia.

En estas últimas horas este informe y el trabajo en general de Save The Children y otras asociaciones de este tipo cobra especial importancia por una noticia desgarradora que pasará sin hacer mucho ruido en esta campaña: la aparición del cuerpo del bebé desaparecido en el desembarco de una patera en Gran Canaria. No conocemos su nombre y sabemos muy poco de su corta vida. Solo por el testimonio de algunos supervivientes sabemos que la familia seguramente embarcó en la costa africana tras huir de su país y cruzar varias fronteras por tierra. La madre llevaba al bebé en la espalda y en el momento de saltar entre las rocas una estampida la hizo perder al pequeño, que cayó al agua. El padre se lanzó detrás a buscarlo y también ha desaparecido entre el fuerte oleaje del Atlántico. Salvamento Marítimo, con la colaboración de la Policía, Guardia Civil y Cruz Roja, pudo salvar a otras 25 personas, entre las que había más niños. Dos ellos llegaron a tierra firme casi sin poder moverse por el frío del agua. Una vecina de la localidad de Arguineguín que estaba cerca pasó un buen rato abrazándoles hasta que recuperaron la temperatura. Un gesto de ternura ante tanto dolor.