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El objetivo de la extrema derecha

Una manifestante contra la prohibición del aborto, en 

AP

Alabama y el control sobre las mujeres

Gemma Altell

Cuando la ultraderecha consigue colocar públicamente su relato, aunque genere escándalo, abre una brecha para ir incorporando este discurso

Confirmado. El Senado de Alabama aprueba una ley antiaborto que prohíbe practicarlo incluso en casos de violación o incesto. Al mismo nivel de países donde no existe un sistema democrático. Es muy probable que la ley no pueda hacerse efectiva de inmediato porque existe una doctrina del Supremo que es de orden superior. De momento. Pero si miramos más allá nos damos cuenta de que el objetivo de la ultraderecha, una vez más, consiste en larvar el mundo de un relato reaccionario que legitime y normalice políticas que atentan contra los derechos humanos y –más concretamente- contra los derechos de las mujeres.

Cada vez que el 'universo Bannon' consigue una pequeña victoria, modifica -en pequeñas dosis-  la percepción de la realidad. En este caso rompiendo algo que pretendíamos superado como es visibilizar la gravedad y la raíz machista de la violencia sexual ya sea hacia una mujer adulta o en forma de incesto en el seno familiar. El mensaje es claro: las mujeres somos responsables de lo que hacen con nuestros cuerpos pero no podemos decidir sobre las consecuencias. Afianza así  la idea de que cuestiones y cotas de liberad que parecían indestructibles pueden ser de nuevos interrogadas y replanteadas. Esta es, sin duda, un éxito instrumental al servicio de la ola ultraconservadora que pretender poner coto a la ola feminista ya imparable.

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En esta misma línea esta semana la ultraderecha española afirmaba que las mujeres podemos decidir lo que comemos pero no si abortamos. Lo han hecho sin ruborizarse. Negar el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo también. Cuando consiguen colocar públicamente esta información, aunque genere escándalo, abre una brecha para ir incorporando este discurso y, progresivamente, ir reduciendo las resistencias de la población a escuchar barbaridades.

Seguramente no es casualidad que estas dos cuestiones –las afirmaciones en España y la ley en Alabama- hayan saltado a los medios con pocos días de diferencia. Esta es la estrategia.