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IDEAS

David Harbour, en un fotograma de ’Hellboy’

Se abrió la veda

Desirée De Fez

¿Deciden los creadores o decide el público? Han pasado estas semanas un par de cosas insólitas y desalentadoras. Una, que Jeff Fowler, director de la inédita 'Sonic: La película', anunciara en Twitter que cambiarían el diseño de su protagonista, el famoso personaje de videojuego, ante la respuesta indignada de los fans al tráiler de la película. Otra, más reciente, la confirmación, a raíz de la alerta de mis compañeros y expertos en fantástico John Tones y Jorge Loser, de que existen dos versiones de 'Hellboy', película que se estrena este viernes. Según Vértice 360, distribuidora española del filme, la productora ha hecho dos versiones (la que veremos aquí dura un minuto menos que la otra) y ha ofrecido a los distribuidores elegir la que quieran de las dos.

En el terreno del 'blockbuster', ha cambiado la relación entre el creador y su público. Y existe el riesgo de que cada vez decidamos más los segundos que el primero

A efectos de esta columna, no me interesan tanto las diferencias entre las dos versiones como su simple existencia. Como el tuit de Fowler anunciando el maqueo de 'Sonic', la certeza de que hay dos 'Hellboy' (y depende de donde vivas te puede tocar uno u otro) confirma algo preocupante: en el terreno del 'blockbuster', ha cambiado la relación entre el creador y su público. Se ha abierto la veda. Y está el riesgo de que cada vez decidamos más los segundos que el primero. La fiebre opinadora, la conversión de las redes sociales en espacios donde gritar a los cuatro vientos lo que nos entusiasma, lo que nos horroriza y lo que nos gustaría tener ha cambiado las reglas del juego.

¿Cómo va a ignorar la industria el saco sin fondo de amores y odios en el que se ha convertido Twitter? ¿Cómo no va a utilizar a su favor (económico) tanta y tan valiosa información sobre lo que queremos? ¿Cómo no va a preocuparle más generar feedback con tráilers y otras lindezas que centrarse en las películas? No sé si tenemos que moderar el entusiasmo o pedir que nos hagan menos caso, pero si seguimos siendo (o creyéndonos) tan importantes y determinantes vamos a acabar con el cine de entretenimiento. Las películas nos gustarán: ¿Cómo no? ¡Si nos las hacen a medida! Pero igual llegamos al punto de no echar de menos la posibilidad de sorprendernos.