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Análisis

Los alcaldables de Barcelona, en el debate de Betevé.

JORDI COTRINA

Lo que se juega en Barcelona

Esther Vivas

En las elecciones municipales de Barcelona, se juega mucho más que una alcaldía. Se confrontan dos maneras de hacer política y entender la gestión municipal

En las elecciones municipales de Barcelona, se juega mucho más que una alcaldía. Se confrontan dos maneras de hacer política y entender la gestión municipal. Por un lado, la que ganó contra todo pronóstico las elecciones cuatro años atrás y, por el otro, la que siempre había gobernado, al margen del color político de sus alcaldes.

Ada Colau y los suyos no lo han tenido nada fácil, con un gobierno en minoría; una oposición municipal que ha hecho de las 'fake news' su modus operandi, actuando en algunos casos incluso contra su programa electoral; un ciclo político convulso marcado por la cuestión nacional, un tema incómodo para los 'comuns' en el que se han puesto demasiado de perfil; y una nueva burbuja inmobiliaria en la vivienda del alquiler.

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A pesar de ello, ha sido mucho lo conseguido, desde la municipalización de algunos servicios públicos, frenar los alojamientos turísticos ilegales, la apertura de un dentista municipal, la apuesta por la vivienda social, la creación de nuevos jardines de infancia o la lucha contra plataformas como Airbnb o Uber.

Sin embargo, la gestión institucional ha engullido a la propia organización, dejando de lado el carácter movilizador con el que nació. Una coordinación más estrecha y una mayor sintonía con los movimientos progresistas de la ciudad seguramente hubiese permitido llegar más lejos en la institución, y compensar la presión de las elites económicas de la ciudad. Sin tensión en la calle, la tendencia de toda fuerza política es ir adaptándose a los estrechos márgenes de la política institucional, y los 'comuns' no han sido ajenos a esta dinámica. Gobernar una ciudad con el objetivo de transformarla también debería implicar alentar la movilización social, algo que se ha hecho poco.

Ahora Colau tiene el reto de revalidar la alcaldía. Algunos han intentado trasladar el debate nacional al debate de ciudad, el cual siempre debería primar en unas municipales. Parece que la jugada no les ha salido demasiado bien. Empezando por Manuel Valls que llegó a Barcelona con unas expectativas que no se correspondían con la realidad, y al que todos los sondeos le auguran un paso breve por la capital catalana. Hasta un Ernest Maragall, cuya campaña muestra una clara indefinición en muchos temas sociales, que tiene el reto de capitalizar el voto útil independentista, en unas municipales en las que concurren hasta cuatro formaciones independentistas.

El adelanto electoral de las generales no le ha sido propicio a Ada Colau, como era previsible. ERC y el PSC esperan sacar rédito de sus buenos resultados, y beneficiarse más del contexto político general que de su fortaleza local. Aun así, todavía queda campaña. La victoria de Barcelona en Comú es condición sine qua non para que las transformaciones que se han llevado a cabo los últimos años sigan adelante. Aunque para que vayan más lejos, y no se estanquen, son necesarios  unos movimientos y un tejido asociativo alternativo fuerte que les empuje desde abajo.