03 abr 2020

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Dos miradas

El alcaldable de ERC en Barcelona, Ernest Maragall, juega un partido de fútbol con menas

ACN / GUILLEM ROSET

El viejo

Emma Riverola

Dicen que los 50 son los nuevos 30, y la menopausia se parte de risa. Ridículo. Casi tanto como las imágenes de Maragall jugando a fútbol

Ernest Maragall nació en 1943. De casi todo lo ocurrido en su vida se le puede hacer responsable, menos de esa fecha. La edad ha aparecido como arma en la contienda electoral de la mano de sus amigos/enemigos de JxCat. "Que tiene 76 años es una obviedad, y que claramente no es la opción de futuro para la ciudad, de liderazgo, de energía y visión de futuro también es una obviedad", afirmó Elsa Artadi. Incluso Artur Mas, ese joven de 63 años, ha recordado al alcaldable de ERC que el mandato acabará en el 2023. Los 76 años de Maragall son innegables. Y no, no tiene los reflejos dialécticos de una persona más joven. Otra cosa es si su discurso tiene más enjundia que el de alguien de, por ejemplo, 43 años. La edad no es excluyente del ejercicio del poder. Ahí están Manuela Carmena (75), el Papa Francisco (82) y, para bien o para mal, Donald Trump (72).

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La peste medieval se cebó con los niños y los jóvenes, con los que los mayores recuperaron el prestigio y el estatus de los antiguos ‘pater familias’. Pero después llegó el Renacimiento, y las arrugas no casaban con sus cánones. Hoy vivimos en una permanente exaltación de la juventud. Y se nos va el sentido común tratando de alargarla. Dicen que los 50 son los nuevos 30, y la menopausia se parte de risa. Ridículo. Casi tanto como las imágenes de Maragall jugando a fútbol. Tiene 76 años, mejor que hable su mente. Al fin y al cabo, las piernas no gobiernan ciudades.