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PASAR EL MAL TRAGO

El equipo del Barça, en la sombra, saluda al Camp Nou.

JORDI COTRINA

Y uno gritó "¡Bartomeu, dimisión!"

Emilio Pérez de Rozas

El hombre, que era de mediana edad, no sé, unos 30, no más, se levantó de su asiento en la tribuna, cerca, muy cerca, del gran palco del Camp Nou y, paulatinamente, se fue acercando a la bajita barandilla de los asientos más mullidos del estadio azulgrana.

El partido, ya saben, el Barça-Getafe, que ojalá los blaugranas hubiesen podido liquidar en siete minutos en lugar de 93 e, incluso, con un 0-0 en lugar de un costoso 2-0, transcurría, pues eso, como si nadie se jugase nada. Y, sí, unos debían dar la cara para que se la partiesen y otros deberían de habérsela partido (como han hecho durante toda la temporada) para meterse ¡zas! directamente en la Champions, que es lo que habían estado persiguiendo (y mereciendo) durante las 36 jornadas anteriores.

Respuesta nula, cero

Pues eso, que el caballero, el muchacho, al tocar sus rodillas con la barandilla del palco, empezó a gritar, bueno, al principio bajito, “¡Bartomeu, dimisión!” Lo hizo varias veces, pero ni en el seno del palco, ni en los alrededores, no ya de su localidad sino de todo el entorno escogido para la queja, tuvo respuesta alguna. Cero. Nada. Ni una mueca. Al ratito, el señor socio, se dio media vuelta y regresó a su asiento para terminar de ver un partido que solo pasará a la historia por haberse jugado, cinco días después de una gran hecatombe. No más. Ni menos.

En otras épocas, tras otras derrotas idénticas o parecidas a la de Liverpool, esa tarde del domingo hubiese sido incendiaria, un auténtico referéndum, plebiscito. Cuentan que más de uno en la directiva y en el staff profesional de las oficinas del Barça se esperaban (temían) la aparición de pancartas. No hubo ni una. La única, la de Joan Laporta en twitter, buscando la oportunidad de volver a cambiar la cerradura del despacho del presidente en el palco y colocar, de nuevo, su huella para abrir esa maravillosa puerta que tanto le dio. Bueno, ese twitter y el del candidato Victor Font, celebrando con una foto junto a Pep Guardiola, la conquista de la Premier por parte del de Santpedor, que más parecía un candidato a la presidencia (propiedad) del Manchester City que al futuro Barça.

Dio, pues, la sensación de que la afición o prefirió quedarse en casa, alquilar su abono a un japonés (hubo muchos, como siempre), ir al campo y participar del silencio o los pitos a Coutinho y Busquets, o, lo más normal, esperarse al desenlace final de la temporada, pues otro doblete (sería el noveno de su historia) cerraría, sin duda, y ellos así lo juzgan, una excelente temporada, idéntica a la del pasado año.

Esperando la Copa

No hay duda de que la tarde radiofónica también dio cierto consuelo a la ‘gent blaugrana’, no tanto porque el Real Madrid sumó su derrota nº 10 (17 en total, lo nunca visto en 20 años; por vez primera, desde 1973, no acaba entre los dos primeros de la Liga), sino al escuchar a más de una ‘vaca sagrada’, como Busquets o Alba, reconocer que estaban “jodidos”, que sí son de este mundo y que aún no se explican cómo y qué ocurrió en Anfield.

Sé, me consta, lo sabemos todos, usted y yo, el vecino, el colega de oficina, el amigo, el pariente, que el cabreo de la ‘gent blaugrana’ es tremendo y que no ha habido más mofas porque el ridículo que está haciendo el Real Madrid es de tal tamaño que ni Florentino Pérez se atreve a animar a los medios de Madrid para que calienten (aún más) el ambiente antibarcelonista. Pero no es menos cierto que, el domingo, en el Camp Nou, se escenificó una tregua en espera de la final copera. De momento, los que huelen la sangre deberán esperar. Solo unos días. O igual unos meses. Cuesta encontrar un equipo que logre dos dobletes consecutivos. Si lo logra.