Elecciones europeas

UE y feminismo

Las políticas de género impulsadas por el Parlamento han chocado a menudo con la voluntad de los estados miembros

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El secretario general de Vox,  Javier Ortega Smith,  durante la protesta de un grupo feminista en el Parlamento Europeo.

El secretario general de Vox,  Javier Ortega Smith,  durante la protesta de un grupo feminista en el Parlamento Europeo. / ACN

El miércoles 8 de mayo tuvo lugar en Barcelona el único debate entre candidatas catalanas a las elecciones europeas, organizado por Feminist Europe. La prácticamente nula cobertura mediática del evento, denunciada por las ponentes, es una muestra más de la difícil relación de representatividad entre las mujeres y la cámara europea.

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En la pasada legislatura, el Parlamento europeo contaba con un 37% de eurodiputadas. Solo dos de los nueve grupos tenían una mujer al frente: Ska Keller (Verdes/Alianza Libre Europea) y Gabriele Zimmer (Grupo Confederal de la Izquierda Unida Europea). A lo largo de su historia, solo ha habido dos presidentas, Simone Veil y Nicole Fontaine, por 24 presidentes hombres. En las elecciones del 26 de mayo, tres de las nueve principales candidaturas españolas tienen una cabeza de lista: Dolors Montserrat (Partido Popular), María Eugenia Rodríguez Palop (Unidas Podemos) e Izaskun Bilbao (Coalición por una Europa Solidaria).

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En octubre del 2018, el #MeToo irrumpió en la cámara con el blog MeTooEP, que recogía casos de acoso sexual y sexismoacoso sexual y sexismo en el Europarlamento. La cámara reaccionó organizando cursos no obligatorios sobre acoso sexual y laboral, en los que solo participaron una cuarentena de los 751 eurodiputados. Una falta de compromiso un tanto hipócrita. Un año antes, los diputados votaron a favor de una resolución para que el Parlamento tomara medidas para prevenir el acoso sexual.

Más allá de la representación y las relaciones de poder en la cámara, las políticas de género impulsadas por el Parlamento han chocado a menudo con la voluntad de los estados miembros. En algunos casos, la visión de las políticas de género ha estado enfocada a la mejora de la participación de las mujeres en la economía productiva, con una visión un tanto utilitarista de sus derechos que no ha tenido en cuenta las múltiples situaciones que afectan su vida, como la etnia, la clase social o la discapacidad. Veremos si durante la próxima legislatura, marcada por el ascenso de la extrema derecha y el euroescepticismo en el continente, estas cuestiones mejoran.