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IDEAS

Marianne Faithful junto a Mick Jagger en 1967. 

AP

Vivir en un muro

Lucía Lijtmaer

En estos días que se habla de las memorias que publican músicos británicos, no está de más echar la vista atrás a sus precursoras.

De todas las memorias del pop, la que más resuena en mi cabeza es 'Faithfull', de Marianne Faithfull, sin duda las más sinceras. Quizás porque contiene la vida de alguien que, no como los dos anteriores, tiene que dar cuenta más sobre los fracasos que sobre los éxitos. Faithfull, que quedó como nota a pie de página sobre los Rolling Stones hasta bien entrados los 80, cuando publicó su excelente 'Broken English', describe, tras la ruptura con Mick Jagger, años grises como el asfalto en los que sólo se dedicó a consumir heroína en las calles del Soho londinense, y a dormir agazapada en un muro de la misma zona. El contraste con su expareja no le pasaba desapercibido: en esos días Jagger se casaba con Bianca Pérez-Mora Macias y pasaba su luna de miel en un 'chateau' francés.


 

No es casualidad que Justine Frischmann, líder de Elastica en los 90, y personaje principal de las memorias de Brett Anderson 'Mañanas negras como el carbón', haya declarado sentir "mucha empatía" por el libro de Faithfull. Frischmann, que es descrita con la belleza del primer gran amor tendría también el papel principal de ser el primer gran amor que se va con otro. 'Otro' en el libro quiere decir el cantante de Blur.


Todo ese cotilleo inerte queda fuera de las memorias de Anderson, que ya ha escrito una segunda parte, y sin duda tratará su autodestrucción rockera de los años 90, en plena fama de Suede. Pero seguro quedará fuera Frischmann, que tras no poder digerir la fama britpopera de su propio disco, y con su vida expuesta a los tabloides, se pasó unos cuantos años vagando en su muro particular. Recordaba esos días en una entrevista: "Probablemente hubo un momento en que fue posible sobrevivir a la fama, pero ahora tienes que ser una persona muy inusual para lidiar con ella. Hay personas que lo hacen estupendamente, mira a los Beckham. Él le compró un piano en Navidad. Ella es famosa por ser una Spice Girl; No sabe cantar, bailar o escribir canciones. Si fuera yo, estaría mirando el piano, llorando y pensando en lo patética que es mi vida. Pero ella lo entendió como un hermoso gesto romántico. Bien por ella".

Ahora, sana y feliz, Frischmann pinta cuadros en la bahía de San Francisco. No echa de menos la música. Entre tanto daño colateral de la mística rockera esas son las memorias que a mí me gustaría leer. Que alguien le ofrezca un adelanto

Temas: Música