06 jun 2020

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Dos miradas

Los ciudadanos se despiden de Rubalcaba.

JOSÉ LUIS ROCA

Rubalcaba habló con Zapatero sobre una crisis relacionada con ETA. El fotógrafo y yo tuvimos la sensación de asistir a una escena histórica

Eran los días antes de Navidad, los días antes de un clásico en el Camp Nou que había de certificar el dominio del Madrid. En aquella temporada, el Barça fracasó. Terminaron echando a Rijkaard y ficharon a Guardiola. Era el diciembre del 2007. Por encargo del Sport fui a Madrid a hacer un reportaje sobre la previa del encuentro. Uno de los entrevistados era Pérez Rubalcaba. Los de prensa de Interior no se acababan de creer que quisiera hablar con el ministro de fútbol, pero lo cierto es que solo quería hablar de fútbol. Todo fue bastante mal, porque Rubalcaba estaba resfriado («tengo una gripe perra», dijo) y porque estaba más interesado en los accidentes de tráfico que en el partido. Pero al final pudimos hablar y recuerdo que me dijo que no quería que ganara el mejor, sino que ganara el Madrid y que «el tío que sabe más de fútbol en este país es Cruyff».

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Antes de la entrevista, en una sala cargada de cuadros imposibles, decorada a la antigua con aires rococó, Rubalcaba habló con Zapatero sobre una crisis monumental relacionada con ETA. Valentí, el fotógrafo, y yo, tuvimos la sensación de asistir como público a una escena histórica. Todavía no sé si lo hizo para impresionarnos o si era cierto que cualquier cosa que tocaba se convertía en un asunto de Estado, por menor que fuera. Al día siguiente, aquella conversación trascendental (y todo lo que ocultaba) no mereció ni un pie de foto. Aromas de poder.