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El tablero catalán

Miquel Iceta, en el Consell Nacional del PSC del pasado noviembre.

EFE / ANDREU DALMAU

Iceta al Senado, sí o sí

Joaquim Coll

No cabe el boicot independentista al nombramiento del líder del PSC, excepto que se pretenda vulnerar la Constitución y el Estatut

El boicot independentista al nombramiento del líder del PSC como senador autonómico, en sustitución de José Montilla, para evitar que sea elegido presidente de la Cámara alta es imposible, excepto que se pretenda vulnerar la Constitución y el Estatut. Lo ha explicado muy bien el jurista Rafael Arenas. La normativa catalana regula que el número de senadores es proporcional al peso que tiene cada fuerza política en el Parlament y, por tanto, son los grupos quienes designan a los candidatos a senador. No es una cuestión de cortesía parlamentaria como a veces se ha dicho, es que no cabe otra opción, de lo contrario se estaría privando a los socialistas de su representación. 

Frente al nombre de Miquel Iceta el resto de parlamentarios solo pueden votar a favor, abstenerse o hacerlo en blanco. No cabe el boicot, es decir, una maniobra de rechazo, como sugería el portavoz republicano Sergi Sabrià. Bastaría con un solo voto a favor para que saliera elegido. Intentar que suceda otra cosa va en contra del principio de proporcionalidad que dicta la Constitución, que se regula en la ley catalana 6/2010 y recoge el Reglamento del Parlament.

La Mesa presidida por Roger Torrent no debería contemplar ni tan siquiera la posibilidad del voto en contra por carecer de efectividad, aunque puede que ERC y JxCat quieran visualizar un rechazo simbólico. Es posible que el presidente del Parlament les permita ese fuego de artificio reducido a mera propaganda, pero ¿a qué responde ese deseo de castigo a la figura de Iceta? Pues a que los republicanos se han dado cuenta de que ahora con 15 diputados en el Congreso pesan menos que con 9. En la anterior etapa, la aritmética parlamentaria concedía al independentismo la llave de la política española. Tras el 28 de abril, aún habiendo logrado más escaños que nunca, pueden acabar siendo prescindibles. Sánchez podrá ser investido en el peor de los casos en segunda vuelta porque el bloqueo es muy improbable.

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La estabilidad de la legislatura pasa porque los socialistas alcancen un acuerdo programático con Unidas Podemos. La fórmula del pacto, descartado el gobierno de coalición por el que tanto suspira Pablo Iglesias, se decidirá después de la segunda vuelta electoral del 26 de mayo. En el nuevo escenario, los separatistas van a contar poco, entre otras cosas porque Sánchez ha llegado al convencimiento de que «no son de fiar». 

La entrevista a Oriol Junqueras y Raül Romeva en EL PERIÓDICO refleja esa amargura. Siguen con la música de siempre y se ponen como ejemplo de buenas personas en lugar de pedir perdón por el engaño a los suyos y el daño a todos. El diálogo que quieren es solo para la autodeterminación porque de lo contrario verían mínimamente interesante la propuesta de poner a Iceta al frente del Senado. Lo suyo es de un fariseísmo atroz. La patata caliente la tienen ahora en casa porque la presidencia de Quim Torra está desprestigiada y el Govern no puede aprobar presupuestos. Tras la sentencia, que apunta a una condena con cárcel tal como está yendo el juicio en el Supremo, tendrán que decidir si abandonan su actitud de bloqueo político y emocional.