24 feb 2020

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LIBERTAD CONDICIONAL

La enfermería es una cuestión feminista

Joan Puig

La enfermería es una cuestión feminista

Lucía Etxebarria

El 90% de las enfermeras son mujeres. El 70 % de los trabajadores sanitarios en todo el mundo son… mujeres. Pero el 65% de los altos cargos sanitarios son… hombres. El 12 de mayo, Día Internacional de la Enfermería, recordemos que la enfermería es una cuestión feminista.

Si ven ustedes series de televisión que hablen de médicos ('House', 'Anatomía de Grey', 'Urgencias', 'Hospital Central', 'Médico de Familia'…) verán que los médicos aparecen haciendo trabajos que en la vida real hacen las enfermeras: monitorizar el estado clínico el paciente, observar e informar de cambios en la conducta y las funciones físicas, verificar exploraciones y tratamientos… Lo puedo confirmar de primera mano, porque me he pasado varios años hospital arriba hospital abajo debido a la enfermedad de mi hija, ya mencionada en alguno de estos artículos.

En 1998, el estudio Woodhull reportaba que en solo el 4% de las noticias sanitarias se identificaba a las enfermeras como fuente. En el 2018, una nueva versión del estudio confirmaba que el dato no cambiaba 20 años después. Las enfermeras no aparecen en los medios. Ni en series de televisión, ni en noticias ni en películas. 'Oh, wait'... En películas, sí. En las películas porno. La enfermera es la profesión más sexualizada como fantasía erótica. (Por encima de los bomberos o los policías en el porno gay). Esto fomenta el acoso y el abuso sexual. 

Aún recuerdo el estremecedor testimonio de una enfermera joven narrado en el programa de televisión en el que trabajo. Ella habló con la cara oculta y la voz distorsionada por miedo a perder su empleo.  Estando en el hospital, se quejó a la enfermera jefe de que un paciente aprovechaba cada vez que ella cambiaba las sábanas para meterle mano. "Niña, esto es así – le contesto la enfermera jefa–. Gajes del oficio. ¡Si supieras lo que he tenido que sufrir yo toda la vida! Si no te gusta, no te metas a enfermera". Su superior ya había internalizado la idea de que las enfermeras no merecen respeto ni consideración. Era a la vez víctima y cómplice del acoso.

Conclusión. Vemos a las enfermeras como a las ayudantes de los médicos, no como lo que son: unas profesionales autónomas, que tienen una función por sí mismas –asistir y cuidar–,  y que no son los apéndices ni las marionetas de nadie. Si una mujer decide ser médico, pensamos que es muy inteligente; pero si un hombre decide ser enfermero, en seguida creemos que en realidad quería ser médico pero no le dio la nota. Esta desigualdad de poder que percibimos entre enfermeras y médicos es la expresión inconsciente de la brecha de género. Siempre pensamos que una profesión que asociamos con lo masculino es importante, mientras que un oficio feminizado no lo es. Lo curioso es que las enfermeras suelen ser votadas como la profesión en la que más confían los pacientes.

Cuando se respeta tan poco a las enfermeras, ¿cómo vamos a esperar que a nivel político se tomen decisiones que las respeten?  

Y eso que la falta de enfermeras es endémica en el sistema sanitario español que, pese a estar considerado como uno de los mejores del mundo, está a la cola de Europa. Tenemos cinco enfermeras por cada mil habitantes (ocho tiene Alemania). Como en los centros no hay enfermeras, se responde con la sobrecarga horaria. En los grandes hospitales está por encima de 20 o 30 días las jornadas que se deben al personal de enfermería, porque desde la crisis económica y los recortes han perdido miles de puestos de trabajo.

En los picos de trabajo, una enfermera tiene que atender hasta 15 pacientes. ¿El resultado? Profesionales agotadas, con serias dificultades para la conciliación de la vida laboral y la familiar y con meses enteros sin disfrutar de un fin de semana libre.

Las feministas debemos preocuparnos por ellas. En primer lugar, porque son nuestras compañeras y hermanas. En segundo lugar, porque una enfermera desempoderada y exhausta afecta a la salud de todos. Porque si usted enferma y le tienen que ingresar –la Vida no lo quiera–, quien se hará cargo de usted será una enfermera. El médico se pasará una vez o dos, como mucho, durante todo su ingreso.

Nuestro sistema sanitario, uno de los mejores, se está deteriorando cada día más. Siempre insisto en lo mismo. A usted nadie le libra de sufrir una enfermedad rara, o crónica, o grave, y un seguro médico no las cubre. Nuestra Sanidad es un tesoro y, dentro de él, nuestras enfermeras, unas joyas. Dejar que nos lo roben sería de ser muy tontos.