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Al contado

Cambra, ¿un cambio de élites en Barcelona?

ANC

Cambra, ¿un cambio de élites en Barcelona?

Agustí Sala

Pese a algún percance con los votos, la ANC arrolla en las elecciones a una de las instituciones clave del mundo empresarial

La victoria rotunda de la candidatura auspiciada por la Assemblea Nacional Catalana (ANC) en la Cambra de Comerç de Barcelona ha provocado un terremoto en el mundo empresarial. Pocos esperaban el tsunami que ha barrido a dos de los candidatos a la presidencia (Enric Crous, 'adoptado' inicialmente por el Govern como el representante del soberanismo tranquilo; y Ramon Masià) y ha dejado con tres escaños a Carles Tusquets, quien parecía contar con los apoyos más potentes.

Apenas votó el 4,1% de las más de 423.000 empresas y autónomos de un censo complejo y caduco, aunque falta el escrutinio definitivo ya que hay entre 1.500 y 2.500 votos que bailan, según algunos candidatos. La junta electoral, presidida por la 'número dos' de Empresa, Marta Felip, debe solventarlo el lunes. Muchos interesados decidirán entonces si acuden a los tribunales.

En todo caso la participación, aun siendo baja, ha sido mucho mayor que en el 2010, los últimos comicios ganados por Miquel Valls, con solo el 0,2% del censo tras una decisión judicial. El sistema de voto electrónico impuesto la Conselleria d'Empresa, con alguna impugnación pendiente de resolución, ha ampliado el número de jugadores en una batalla que antes libraban endogámicamente las élites "de toda la vida". Vistos los resultados, la ANC, experta en movilizar, es la que mejor ha aprovechado la ocasión.

Los ganadores obtienen, según los resultados provisionales, la mayoría absoluta en un pleno con 60 miembros (los 40 obtenidos por sufragio universal, 14 de empresas que pagan 75.000 euros anuales y seis que se reparten las patronales Pimec Foment). Y, aunque pierdan algún escaño tendrán en su mano, quizás con otros apoyos, la elección de la presidencia y el comité ejecutivo de 12 miembros, el que controla la institución. La Cambra es uno de los pilares del poder empresarial catalán, cuya orientación y papel puede cambiar mucho.

Las compañías que se pagan la silla, antes decisivas en los equilibrios de poder camerales, ya meditan si seguir en el futuro. Su rol, al menos el primer año, puede quedar relegado al de financiadoras de un organismo con una mayoría que les es hostil.

Crous, en teoría el candidato más afín a las tesis de los ganadores, resumía tras la derrota: "Hemos presentado una plataforma para empresas pero luchado contra sentimientos". Así la ANC ha obtenido también un éxito en el sindicalismo en el sector público catalán, otro paso en su estrategia de controlar las 'Eines de país' y quién sabe si de cambio de élites.

La oleada secesionista, con ganas de castigar al 'establishment' que consideran 'vendido' a Madrid, ha arrollado a Crous, aun contando este con el apoyo de Femcat y el de Pimec. Y a Tusquets, al que muchos de los activistas-votantes ven como símbolo de las élites que dieron la espalda al 'procés'.

Puede que haya una batalla jurídica por los resultados o puede que no, pero la moraleja es que para ganar en las urnas hay que atraer, convencer y movilizar, en especial a los propios.