Rubalcaba, el más inteligente y el mejor negociador

Fue el principal responsable de la desaparición de ETA, un logro ahora casi olvidado, pero que por sí solo justifica toda una vida política

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Alfredo Pérez Rubalcaba durante un Congreso Extraordinario del PSOE, en julio del 2014.

Alfredo Pérez Rubalcaba durante un Congreso Extraordinario del PSOE, en julio del 2014. / JUAN MANUEL PRATS

Decía Alfredo Pérez Rubalcaba que “en España enterramos muy bien”. Si pudiera verlo, comprobaría cuánta razón tenía a la vista de la catarata de elogios, en este caso plenamente justificados, que se escucharán y se publicarán sobre su vida y su obra, incluso por parte de sus enemigos -que los tenía, y muchos-, los que le llamaban el 'Fouché español' por su supuesta utilización política de la información y de la policía contra los adversarios, olvidando que el político socialista era la antítesis del siniestro dirigente de la Revolución francesa. Joseph Fouché es la personificación de la deslealtad, el oportunismo y el egoísmo. Fue, sucesivamente, monárquico moderado, girondino, jacobino radical, enemigo de Robespierre, amigo de Robespierre, de nuevo enemigo de Robespierre, varias veces ministro de la policía de Napoleón y finalmente artífice de la restauración borbónica al mando de la policía de Luis XVIII. Rubalcaba, por el contrario, ha sido siempre militante y dirigente del PSOE desde 1974. Y en cuanto al uso de la policía, no hay más que comparar con la gestión de su sucesor del PP en el Ministerio del Interior Jorge Fernández Díaz y la llamada policía patriótica que ahora investigan los jueces.

Rubalcaba ha sido el mejor político socialista después de Felipe González, el más inteligente, el más brillante orador y el más hábil negociador, entre otras virtudes. Ministro de Educación, de la Presidencia y portavoz en gobiernos de Felipe González, vicepresidente, de nuevo portavoz y ministro del Interior con José Luis Rodríguez Zapatero, Rubalcaba fue el principal responsable de la desaparición de ETA, un logro ahora casi olvidado, pero que por sí solo justifica toda una vida política. Especialista en moverse en las trastiendas y eficaz hasta el extremo en su labor de número dos en múltiples ejercicios políticos, no tuvo el éxito que merecía cuando pasó al primer plano y se presentó candidato a la presidencia del Gobierno en las elecciones del 2011, en las que fue derrotado por Mariano Rajoy, con una caída a 110 diputados socialistas, un descalabro, de todas formas, cantado desde el obligado giro neoliberal de Zapatero en mayo del 2010. Después fue dos años secretario general del PSOE (2012-2014) antes de abandonar la política. Posiblemente su época había pasado ya y el error residió en que su oportunidad no llegara unos años antes, en el 2004, cuando debía haber encabezado las listas del PSOE en lugar del recién llegado Zapatero.

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Entre otras muchas observaciones atinadas, Rubalcaba siempre decía que la política catalana estaba enferma de tacticismo. Él se refería a la época del autonomismo, pero el tacticismo sigue dominando la etapa del soberanismo y el independentismo, como podemos comprobar cada día en la lucha por la hegemonía ente ERC y los sucesores de CDC. Frente al 'problema catalán', Rubalcaba nunca llegó a admitir la plurinacionalidad del Estado, pero fue, junto a Pere Navarro, el principal impulsor del federalismo con la Declaración de Granada (2013) y de los primeros políticos españoles en apostar por la reforma constitucional para intentar salir del embrollo al que han conducido la pasividad derechista y la temeridad independentista.