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Elecciones del 26-M

Pedro Sánchez recibe a Albert Rivera en la Moncloa, este martes.

JOSÉ LUIS ROCA

Todo puede suceder

Antón Losada

Dado el volumen de indecisos, muchos harían bien en contener los caballos de optimismo y el pesimismo por la encuesta del CIS; no vaya a ser que la realidad les decepcione

Los números mal administrados tienen efectos secundarios. Dados los amplios márgenes de error que presentan los pronósticos del CIS preelectoral para municipales, autonómicas y europeas, y el volumen de indecisión registrado, hasta sumar a tres de cada 10 entrevistados, muchos harían bien en contener los caballos de optimismo y el pesimismo; no vaya a ser que la realidad les decepcione. Una cosa sí es segura. El ánimo del país no atraviesa su mejor momento. Siete de cada 10 encuestados calificaban de mala o muy mala la situación política y económica en mitad de la campaña de las generales. Averiguar cómo han modificado esas pésimas proporciones el resultado del 28-A constituiría una de las claves para ver por dónde irán las urnas en mayo. 

Asume el CIS que la izquierda se mantiene movilizada e incluso declara más disposición a ir a votar a los alcaldes. Pero el trabajo de campo se hizo en plena campaña de generales y eso siempre confunde e invita a mezclar mal los efectos. Los socialistas salen a mantener esa movilización y la concentración del voto útil en sus siglas. Pretenden hacerlo desde la centralidad. Pedirle al electorado su voto para parar a la derecha terrible y luego gobernar desde el centro podría funcionar; todo es posible en la política digital. Aunque conviene tener cuidado con unas geometrías que nunca se entendieron bien en la política analógica. Nadie lo explica como Gómez de la Serna: el otro lado del puente siempre estará triste de no estar de este lado y esa pena no se arregla ni con un puente; puede que ni siquiera con Pablo Iglesias ofreciéndose toda la campaña a hacer de custodio frente a tanta veleidad socialista. 

Sostiene también el CIS que el arraigo territorial de la formidable estructura organizativa que fue el Partido Popular le permite mantener con solvencia la segunda plaza. Perdería poder pero no prelación en la jerarquía de la derecha... o no. El campo se hizo antes del batacazo de abril, antes de este giro al centro donde van saliendo de la clandestinidad los marianistas y los zombis  aznaristas vuelven a dedicarse a lo único que realmente saben hacer bien: echarle la culpa a Mariano Rajoy. 

Los naranjas y Albert Rivera parecen lejos del ansiado 'sorpasso', sea en votos, sea en plazas simbólicas. Aunque el volumen de indecisos que la encuesta parece detectar entre los electores conservadores, además de explicar parte del aumento de las diferencias entre el voto de derechas e izquierdas con respecto a los resultados del 28-A, deja abierta la puerta a cualquier resultado. Vuelve a augurar el CIS que el globo de Vox no será para tanto. Pero también que, para retener una parte del poder autonómico y municipal que conservan y conquistar el que ambicionan, naranjas y azules deberán entenderse con Santiago Abascal. Tildarle ahora de ultraderecha no será un problema. Quid pro quo. También antes él les llamaba «derechita cobarde» y «veleta naranja». Son cosas que se dicen en la pasión del momento.