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Riesgo para la salud

Un hombre fuma el IQOS, el cigarrillo electrónico de Philip Morris.

El Marlboro del siglo XXI también mata

Sílvia Cóppulo

El nuevo artilugio de Philip Morris es tabaco, y que la FDA autorice su venta como si de un medicamento se tratara no augura nada bueno

El Marlboro del siglo XXI mata como mataba el Marlboro del siglo XX. Es tabaco y perjudica seriamente la salud. Lo grave es que, con tergiversaciones y muchos intereses de por medio, tras dos años de presiones, el lobi tabaquero de Philip Morris Internacional (PMI) y su distribuidora Altria han conseguido que la FDA, el organismo que se ocupa de la salud pública en EEUU, autorice su venta como si de un medicamento se tratara. 480.000 norteamericanos mueren cada año a causa de los cigarrillos. Pero en nada, PMI podrá vender con total impunidad el IQOS, que ese es el nombre oficial de la marca Marlboro del siglo XXI, un artilugio electrónico acorde con los gustos de esta época, cargador de baterías incluido. Y aunque ese tabaco lleve nicotina igual, la nueva tecnología permite que no haya combustión. El tabaco no se quema; solo se calienta, generando un vapor más glamuroso que el humo. 

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La FDA argumenta un doble mensaje contradictorio. Afirma que el IQOS genera menores niveles de toxinas que los cigarrillos de combustión, y que, aunque permita su venta, no significa que se apruebe para la salud. ¿Lo entendemos bien? La empresa tabacalera incluso está intentando que le permitan publicitar que el IQOS reduce los riesgos de enfermedades vinculadas al tabaco, para crear la percepción de que fumar este nuevo cigarrillo es saludable. Por supuesto, el Marlboro del siglo XXI es igualmente adictivo y servirá de puerta de entrada a muchos no fumadores, principalmente adolescentes. Se comercializa en 44 países, incluido el nuestro y, aunque la Agencia Europea del Medicamento lo trate como lo que es, tabaco, y no una medicina, la aprobación por parte del Gobierno norteamericano no augura nada bueno. 

En España, un 34% de la población fuma; o sea, tenemos las mismas cifras que antes de las medidas legales antitabaco de hace 10 años. Mientras los gobiernos siguen instalados en una pasividad autocomplaciente, las tabaqueras invierten enormes cantidades de dinero para vender nuevos tabacos, que nos matan más lentamente. Como si esa muerte fuera placentera.