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Dos miradas

Dolores Delgaado en Mauthausen, este domingo.

EFE / ANTONI SÁNCHEZ

Sin pudor en Mauthausen

Emma Riverola

Solo una ignorancia superlativa, una banalización insoportable o un fanatismo inquietante puede llevar a mezclar el horror del exterminio con la reivindicación independentista

No pudo evitarlo, en un acto en Mauthausen de recuerdo a las víctimas del campo de exterminio, ante la ministra de Justicia, el independentismo institucional habló por boca de la directora general de Memoria Democrática de la Generalitat y, cómo no, habló de lo suyo, de los “presos políticos” catalanes.

Solo una ignorancia superlativa, una banalización insoportable o un fanatismo inquietante puede llevar a mezclar el horror del exterminio con la reivindicación independentista. Bueno, queda una motivación más. Quizá peor. Que esa campaña de propaganda permanente en la que está instalado ya no conozca ningún tipo de mesura o de pudor. No hay causa justa de la humanidad a la que no pretenda sumarse, no hay relación de ignominias a la que no trate de añadir su victimismo.

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Ebria de sus lamentos, inconsciente de todos sus errores, esa soberbia élite independentista de mil cargos sigue revolviéndose contra una “represión” que parece haber caído del cielo (español, por supuesto). Que sus líderes quebraran la ley -la ley de un estado democrático-, no parece importar. Una prisión preventiva y unas acusaciones más que cuestionables no les convierte en inocentes. Son políticos que abusaron de su poder y que quebraron la convivencia de la sociedad que debían proteger. Pero la verdad no rompe el relato. Sigue sin hacerlo. Ahí están Roger Torrent, Gabriel Rufián o Ernest Maragall defendiendo la vergüenza de Mauthausen.