26 sep 2020

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Ventana de socorro

Papeletas para votar en las elecciones generales del 28-A.

EFE / ENRIC FONTCUBERTA

La fe en la democracia te hace fantasear con que tu papeleta podría cambiar a mejor tu país

Según un amigo lo más parecido a votar es comprar lotería. Echas tu apuesta y sales del despacho animado, con tu resguardo en el bolsillo y la imaginación volando. Sueñas por un rato con lo que cambiarías si tus números resultaran premiados. Del mismo modo, al salir del colegio electoral y hasta el recuento, estás contento. La fe en la democracia te hace fantasear con que tu papeleta podría cambiar a mejor tu país. Pero mi amigo afirma que, a la mañana siguiente, como después de un sorteo en el que no fuiste agraciado, tiene la sensación contraria: decepción ante una incertidumbre que se prolonga.

La incertidumbre y el miedo pueden ir de la mano, pero no es obligatorio. Podríamos sentir que se abren las posibilidades. Sería más difícil porque exige confianza en eso tan amplio que llamamos “la vida” y que es una suma de nosotros, los demás, el universo y, particularmente, todo cuanto escapa a nuestro control que es mucho. Nuestros antepasados vivían vidas mucho más precarias que las nuestras, pero se relacionaban mejor con la falta de certezas, quizá porque había más elementos buenos y malos inmutables y menos miedo artificialmente inyectado.

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'Shock (El cóndor y el puma)', obra en cartel en el teatro Valle-Inclán de Madrid, explica esa transformación y cómo “el mercado” ha llegado a primar sobre la vida humana. Contiene algunas frases memorables y espeluznantes. Una de Warren Buffet, el millonario inversor norteamericano: “En los últimos 20 años se ha librado una guerra que ha ganado mi clase social, la privilegiada.” Otra de Eduardo Galeano: “El economista Milton Friedman ganó el Nobel y Chile y Argentina se ganaron las dictaduras militares” conectando directamente, como Naomi Klein en su libro 'La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre', la teoría económica de Friedman con la decisión de Estados Unidos de destruir las democracias en Chile y Argentina en los 70. Yo pienso que, mientras no tengamos nuevas certezas a las que agarrarnos, la única certeza es ir al teatro con otros para escuchar, entender, compartir. Y echar la lotería del voto, a ver si toca.