Ir a contenido

Chequeo

La ministra de Hacienda en funciones, María Jesús Montero, conversa con Pedro Sánchez durante el debate prespuestario en febrero pasado.

EFE / Chema Moya

A ver qué pasa con la "primera medida" de Sánchez

Rosa Maria Sánchez

El compromiso de aprobar unos nuevos Presupuestos para el 2019 no tiene sentido, por razón de plazos. Y estos ya se conocían durante la campaña electoral

Durante la campaña electoral, Pedro Sánchez repetía lo mismo. “Mi primera medida será aprobar unos Presupuestos sociales” decía en su calidad de candidato socialista y recoge en términos similares el programa electoral del PSOE, dando a entender que se refieren al 2019. 

Las urnas finalmente han dado la mayoría al PSOE y pueden pasar muchas semanas hasta que se constituya el nuevo Gobierno.  Siendo así, ¿podrá cumplir Sánchez el compromiso de su “primera medida”?. No es imposible, pero puede tener poco sentido, por cuestión de plazos. Y estos ya se conocían durante la campaña electoral. Ni siquiera en el hipotético caso de que el Gobierno pudiera estar constituido la última semana de mayo -una opción que nadie contempla a día de hoy- tendría sentido que Pedro Sánchez pudiera cumplir la promesa de su “primera medida”.

Veamos. Para cumplir el propósito de aprobar unos nuevos Presupuestos para el 2019, el Gobierno tendría que remitir al Congreso de los Diputados un proyecto de ley. Pongamos que en junio. La tramitación parlamentaria de los Presupuestos se lleva casi tres meses, con lo cual, en el mejor de los casos el texto no estaría aprobado hasta finales de agosto. Eso, dejando sin vacaciones a los nuevos diputados y senadores. Si no, la tramitación se iría, como poco, a finales de septiembre y entonces entraría en vigor una ley que solo sería aplicable en los tres últimos meses del año.

No tendría mucho sentido. Por el lado del gasto social, buena parte de las medidas que el Gobierno de Sánchez incluyó en el malogrado proyecto de Presupuestos ya fueron recuperadas después en los llamados “viernes sociales. Faltan las medidas de ingresos, pero retomar en un tardío proyecto de Presupuestos las malogradas subidas del IRPF y de Sociedades (entre otras medidas) apenas darían rendimiento en un ejercicio casi vencido y, en cambio, causarían graves problemas de gestión a los contribuyentes y a la Agencia Tributaria.

Además, la tramitación retrasada del proyecto de Presupuestos del Estado para el 2019 se solaparía con la confección de las Cuentas del 2020: Antes del 30 de junio el Gobierno debe aprobar el techo de gasto presupuestario para el 2020 y antes del 30 de septiembre debe entrar en Las Cortes el proyecto de Presupuestos del Estado para el año próximo.

El sentido común parece desaconsejar la aprobación de un proyecto de Presupuestos el Estado para el 2019. Pero puede que se imponga el sentido político de no querer incumplir la promesa electoral de nada menos que “la primera medida”. 

Otra opción podría ser la adopción de un decreto ley ‘óminibus’ a modo de pseudopresupuesto exprés. O finalmente acabar diciendo que el compromiso electoral no se refería al 2019, sino al 2020, y acelerar desde el primer minuto la confección de un proyecto de Presupuestos para el año próximo en el que se incorporen las medidas del malogrado proyecto del 2019, cuyo rechazo por Las Cortes precipitó la convocatoria electoral del 28 de abril.

Tampoco hay tiempo que perder antes de impulsar la tramitación, necesariamente más lenta, de los proyectos de ley separados para la creación de la ‘tasa Google’ y del impuesto sobre transacciones financieras si el Gobierno de Sánchez pretende que se puedan empezar a aplicar el 1 de enero próximo. Veremos.