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HAY UN GANADOR, PERO NO MAYORÍA PARLAMENTARIA

¿Hacia un Gobierno de geometría variable?

MARIA TITOS

¿Hacia un Gobierno de geometría variable?

Joan Tapia

Las dos coaliciones más lógicas -la de izquierda y la de centro- tienen serios inconvenientes o parecen imposibles

Aunque nada estará claro hasta después de las europeas, municipales y autonómicas del 26 de mayo ya empieza el debate sobre el próximo Gobierno. Lo que daría más estabilidad, en un Congreso sin mayoría y con seis grupos con más de 15 escaños (PSOE, PP, Css, Podemos, Vox y ERC) sería un Gobierno de coalición, como pasa en otros países  de la UE. Pero lo óptimo no es siempre lo mejor y quizá no sea todavía el momento oportuno porque vivimos, pese a que el 28-A ha castigado a las formaciones más exclusivistas, en un clima de gran confrontación.

Una coalición lógica -la que pedían el domingo los concentrados en la calle de Ferraz- sería un Gobierno PSOE-Podemos que podría llegar a la mayoría absoluta de facto (le faltaría un diputado) con el apoyo del PNV, los canarios y el diputado regionalista cántabro. No sería Frankenstein porque ya no dependería del apoyo de los independentistas. Pero hay inconvenientes. El principal es que -excluyendo los nacionalistas- España está partida entre un 44,3% que ha votado a la derecha y un 43,7% que votó a la izquierda. Un Gobierno frentista de izquierdas podría, pues, incrementar la crispación. Otro es que Podemos está tentado por un populismo que acepta mal las reglas europeas y en buena parte hemos salido de la crisis por el respaldo del BCE, que con sus bajos tipos de interés ha aligerado la carga de la deuda pública y privada. Por eso preocupa que Iglesias calle sobre la rectificación griega de Tsipras que ha dado resultados. ¿Es Varoufakis todavía un referente? Además, Iglesias estuvo brillante en los debates pero lanzaba el mensaje de que apoyaría las medidas sociales de Sánchez pero -eso sí- exigiendo siempre dos huevos fritos más. Y dos huevos más en muchas partidas presupuestarias llevarían a un atracón de déficit que acabaría mal.

Sánchez, Rivera y el conflicto catalán

Si el pacto de izquierdas plantea problemas, sería sensato ir a otro del PSOE con Cs. Tendría ventajas. Una es que sumaría 180 escaños. La segunda, que podría reducir la crispación. Por último, es algo muy normal en Europa. Pero hoy por hoy este pacto parece imposible. Porque respecto a Catalunya -un problema central- Sánchez y Rivera están en las antípodas y Rivera parece poco flexible. Y Cs ha renunciado a ser un partido liberal de centro, capaz de pactar con la derecha o con la izquierda, y ha apostado por la opción legítima, pero no sin inconvenientes e interrogantes, de sustituir al PP -en desbandada desde la marcha de Rajoy- como el gran partido de la derecha.

La principal
objeción a un Gobierno PSOE-Podemos es que España está muy enfrentada entre dos mitades de derecha e izquierda

¿Cómo se gobernará pues España esta legislatura que convendría que no fuera corta? Pedro Sánchez parece apostar -veremos que dice tras el 26-M- por un Gobierno en minoría con un pacto estable con Podemos, pero sin coalición de gobierno. Sería complicado porque ya hemos visto la tentación de Iglesias a ser siempre el rey del mambo (ahí está el pobre Errejón). Pero quizás será lo único posible porque la derecha política -lo ha dicho Rivera- quiere el pacto de izquierdas para poderlo desgastar con rapidez y volver al poder. Cuanto antes, mejor.

Pero aquí surge una diferencia entre la derecha política y la económica, que quieren descalificar a Pedro Sánchez, y parte del empresariado. Pere Durán Farell me dijo una vez -hablando de Gas Natural en Argelia- que un empresario debía pactar siempre con la realidad. Y hay cada día más empresarios que saben que España no puede seguir polarizada y sin Gobierno estable como llevamos desde que Rajoy perdió la mayoría en el 2015. Y que la asignatura -cuando ya no hay fronteras económicas- es ser suficientemente competitivos en la UE y en el mundo para poder seguir alimentando el modelo social europeo, un mixto de liberalismo y socialdemocracia.

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Por eso hay empresarios que aseguran que “lo menos malo” sería que PP y Cs se abstuvieran en la investidura y que el PSOE pudiera gobernar con mayorías variables. No es una mala idea la que Antonio Garamendi, nuevo presidente de la CEOE, ha sugerido esta semana: abstención de la derecha en la investidura ya que no tiene mayoría y que el PSOE gobierne sin perder de vista a Europa. Un Gobierno de Sánchez con independientes de valía y pactos puntuales con Podemos, Cs, ERC y el PP podría ser el mejor parche a la ausencia de mayoría.

El problema es que lo que piensan los empresarios más al día no coincide ni con los intereses de la derecha política (que soporta mal estar fuera del poder) ni con los de la derecha mediática que vive de hacer ruido contra la izquierda a cambio de favores de la derecha económica.