10 abr 2020

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La lacra de la pederastia

Cuando el monstruo grita... ¡casa!

LEONARD BEARD

Cuando el monstruo grita... ¡casa!

Emma Riverola

De media, un niño o una niña sufre abusos sexuales durante cuatro años, una eternidad en la infancia. El miedo a relatarlo es paralizante

Los monstruos se esconden en los armarios. También en los del alma. La infancia está llena de rincones oscuros que nos dan miedo. Esa puerta entreabierta durante la noche que se puebla de seres malignos. Esa ventana por la que se filtra una rendija de luz y por las que imaginamos colarse todo lo temible. ¡Casa!, grita el niño cuando entra en el círculo protector del juego.

Durante los tres últimos años, las páginas de este diario han ido recogiendo casos escalofriantes de abusos infantiles. Joaquim Benítez, el pederasta que confesó su culpa a EL PERIÓDICO, acaba de ser condenado a 21 años y 9 meses por los abusos que cometió contra alumnos del colegio Maristas de Sants-Les Corts entre el 2006 y el 2010. Él es uno de los 13 denunciados por pederastia. Los lectores de este diario conocen las historias de vergüenza y sufrimiento de muchas de las víctimas. Los relatos han resultado dolorosos. También incómodos para algunos lectores. No es fácil comprobar que la oscuridad también se cierne en los lugares que consideramos un refugio.

El valor para relatar los abusos

Una hija confiesa a su madre, de forma imprevista, los abusos a los que fue sometida de niña por un familiar. Un hombre contempla al hijo de unos amigos jugar con su abuelo y, de repente, unas imágenes desterradas al fondo del armario le acometen. También el dolor, la vergüenza, el miedo, el desconcierto. ¿Cuántas personas han encontrado el valor estos tres últimos años para relatar los abusos sufridos y callados? ¿Cuántos se han sentido identificados, acompañados, reconocidos en un desconsuelo que vivían en soledad? Abrir la puerta del monstruo es traumático, pero más lo es sentir su sombra durante toda la vida.

Según Save the Children, entre el 10 y el 20% de la población en España ha sufrido algún tipo de abuso sexual durante su infancia. Se estima que solo el 15% de los casos son denunciados y, generalmente, «con un final bastante amargo». La oenegé apunta cuatro escenarios que dificultan la denuncia: el miedo a contar un abuso, el escaso amparo que encuentra quien se anima a relatarlo, los errores del sistema al tratar las denuncias y los tiempos de prescripción del delito.

La comprensión y el apoyo a las víctimas son tan cruciales como la educación para desenmascarar el mal

De media, un niño o una niña sufre abusos sexuales durante cuatro años, una eternidad en la infancia. El miedo a relatarlo es paralizante. No se entrevén salidas a una relación que ni siquiera se acaba de entender y que, de algún modo, ha conformado la personalidad del pequeño. Si finalmente el niño se atreve a contarlo, no siempre encuentra el apoyo que necesita. El 70% de personas que sufrieron abusos sexuales aseguran que se lo contaron a alguien. Si la confesión se convierte en denuncia, solo el 30% de los casos llegan a juicio oral. Y, por último, el muro de la prescripción, protege a los depredadores.

En multitud de hogares, muchos más de los que intuimos, mucho más cerca de lo que imaginamos, hay armarios que ocultan todos los terrores infantiles. Nunca se hablará suficientemente de pederastia si la información sirve para arrojar un poco de luz y conseguir que un solo niño sea capaz de alzar la voz o un adulto atesore la fuerza suficiente para enfrentarse a su pasado.

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Para desenmascarar el mal, la comprensión y el apoyo a las víctimas son tan importantes como la educación. Formación para todos y a todas las edades, pero especialmente para los niños. El papel del profesorado, de los padres y las madres es determinante en la prevención. El tema debe abordarse desde edades tempranas y de un modo que los más pequeños sepan comprenderlo. Las relaciones de poder no contienen salvoconductos para acceder al cuerpo de otros, ni el afecto debe contemplar la sumisión. Educar en el respeto y cuidado al cuerpo propio y ajeno, es un arma contra la pederastia y una vacuna contra los abusos. También el modo de lograr relaciones de afecto basadas en la igualdad y la confianza mutua.

De un modo abierto y a muy temprana edad

Clara y su sombra es un cuento creado por la psicóloga Elisenda Pascual Martí, psicóloga especializada en infancia y acompañamiento familiar. Una bella historia de una niña que ha perdido su sonrisa y no sabe muy bien por qué. Una sombra le sigue a todos lados, también la toca. Este sencillo argumento permite abordar el tema de los abusos infantiles de un modo abierto y a muy temprana edad. Un excelente ejemplo de cómo prevenir o detectar la pederastia puede ser más sencillo si levantamos los muros del secretismo.

Es fundamental hablar. Seguir hablando. Y denunciando. Aunque resulte incómodo, aunque duela. La palabra es luz y forma. Lo que se calla, no existe para los demás. Incluso puede permanecer oculto en el propio interior. Es entonces cuando los monstruos abandonan los armarios y se instalan bajo la piel. Bajo su manto de perversión, ni se siente ni se piensa ni se actúa en libertad. Por desgracia, no hay círculos mágicos donde protegernos. El grito de ¡casa! a veces no es sinónimo de refugio, sino de prisión. Una prisión sin ventanas ni futuro. Por ello debemos conjurarnos para que, al menos, los círculos de silencio no oculten a los culpables.