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La diputada de Ciudadanos Inés Arrimadas exhibe los lazos amarillos que ha retirado ella misma, este jueves en el Parlament

MAR VILA (ACN)

En el país de Inés Arrimadas

Sergi Sol

La sociedad de Cs es ese PP trasnochado de Casado y los amiguetes de Vox

"La izquierda debe ser valiente si quiere reconocerse, porque cuando la izquierda no hace de izquierda, la derecha le pasa por encima’. Eso cuenta Gabriel Rufián en un reciente ensayo sobre la izquierda, ‘Ser de izquierdas es ser el último de la fila (y saberlo)' (editorial Catarata). El PSOE lleva años cediendo al constitucionalismo nacionalista que pergeñó José María Aznar y que extremó con su FAES, a cuenta de los amiguetes del Ibex que aliñaron el invento volcando recursos. Amor con amor se paga. Y si de verdad te quieren te lo demuestran con diamantes.

Pues ahí está Pedro Sánchez que celebró el triunfo del PSOE acometiendo contra ERC, contra el independentismo, para blindar el Franco (yo quería escribir flanco y no Franco, cosas del texto predictivo) de la derecha. Te presentas para frenar a la derecha y luego lo primero que haces es comprar el marco mental de esa derecha de rancio abolengo. He ahí la debilidad del PSOE, su derrota, cuando tiene que subrayar ese pacto implícito con la derecha. A los catalanes ni agua. Porque el mundo no entiende de sutilezas. Por eso Mariano Rajoy recogía firmas contra los catalanes para rechazar el Estatut, tinta gruesa.

Habrá que ver si Sánchez olvida ya la matraca de pactar con Ciudadanos. Tiene guasa que luego de utilizar a la derecha como único ariete electoral, resulta que a la par su pacto preferido era con el peor 'hooligan' de esa derecha abrupta que se ha ido tan a la extrema derecha que se ha pegado un batacazo de narices.La victoria del PSOE en España se explica, sobre todo, por la competición desbocada entre las derechas, a ver quién se mostraba más implacable frente a Catalunya. La derechona le ha regalado toda la centralidad política al PSOE que, sin ofrecer nada de nada, se ha encontrado un espacio cada vez más amplio gracias a la alocada huida hacia adelante promovida por Albert Rivera que provocó, a su vez, que en el PP mandara Pablo Casado y la eclosión de Vox.

Como Sánchez marcó terreno para excluir a una parte de la sociedad, entre otros los que ganaron en Catalunya, salió Inés Arrimadas a peor, a marcar territorio, como si de una hiena se tratara. Salió la de Jerez porque Rivera igual no parecía tan creíble, puesto que él sí cerró en el 2015 un acuerdo con Pedro. Arrimadas, que detesta al grueso de las gentes de la tierra que pisa, rebló su carta de presentación, poselecciones, borrando al PSOE de un plumazo del diálogo político, luego de arremeter contra Podemos que, según vino a decir, son peores que el demonio. A renglón seguido, la pregunta que deberíamos hacernos es saber cuál es la España de Arrimadas. Para Catalunya, ya lo sabemos, fin de la enseñanza en catalán, cerrar TV-3, que los presos se pudran en la cárcel y espolear sus comandos patrióticos de cúter y pasamontañas. Montó su bodorrio de volantes en Andalucía, como una declaración de intenciones. Raro que no fuera en Canarias, está más lejos de Catalunya.

Pues bien, si resulta que los republicanos son la peste, que Podemos unos apestados y que del PSOE ya tampoco quieren saber nada, ¿cuál es el país de Arrimadas? ¿Qué tipo de sociedad es la suya? Claro está, por descarte, solo queda ese PP trasnochado de Casado y en horas bajas. Y los amiguetes de Vox. Esa es la sociedad de Ciudadanos, ese es el proyecto político de Arrimadas y los suyos que tanto recuerda las soflamas patrióticas del general franquista Queipo de Llano, locutando desde Sevilla el proyecto de país de la nueva España: "Convertiremos Madrid en un vergel, Bilbao en una gran fábrica y Catalunya en un inmenso solar". Pues nada, Inés, ¡arriba España!, "arriba escuadras a vencer, que en España empieza a amanecer".