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Al contrataque

El presidente del PP, Pablo Casado, durante la rueda de prensa tras el 28-M.

DAVID CASTRO

Casado con nadie

Antonio Franco

Pido perdón por el mal chiste pero el líder del PP no está casado ni con nadie ni con ninguna ideología, su proyecto es seguir mandando

Todos los que no votamos al Partido Popular hemos tenido una semana confirmatoria de que actuamos bien. A nosotros por lo menos no nos engañaron, algo que Pablo Casado ha confirmado que hizo a todos los que le dieron respaldo. A quienes creían que habían votado a un partido de derechas sin complejos Casado les aclaró dos días después que él defenderá posturas de centro. A quienes confiaban en su alianza de tranca con Vox, repartiéndose incluso los ministerios como había anunciado, ahora que ha sumado sus papeletas les dice que considera a los de Abascal tan impresentable extrema derecha. Coincide con quienes precisamente no perdonaremos nunca al PP su entreguismo a esos neofranquistas tanto en Andalucía como en esta campaña de las generales.

Casado ha ofrecido el espectáculo de la semana viniendo a decir que todo lo que expresaba era mentira. Nada de aznarismo ortodoxo: intenta reengancharse a la senda de Rajoy. Lo que decía Groucho Marx sobre los principios, que tenía unos pero por si no gustaban tenía preparados otros, le va como anillo al dedo. Con su nuevo y muy duro rostro sonreía mucho ante la prensa. Sonreía menos, en cambio, Javier Maroto, que dirigió su campaña electoral y ha perdido el empleo. Debe tratarse de que deduzcamos que él debía ser el radical que condujo al PP hacia el tono crispado y el hermanamiento con Vox, mientras Casado le sufría y le obedecía contra su voluntad. Las cosas desagradables que vimos y oímos en los debates eran el teatro de un cordero disfrazado de lobo por necesidades del guion de Maroto. Otro que tal, Teodoro García Egea, el señor advenedizo que acompañaba a Maroto y Casado en las descalificaciones a los demás partidos democráticos, tal vez también acabe pagando los platos rotos.

De todos modos los seguidores del PP deben tener clara una cosa: si las próximas municipales y autonómicas les van mal, en caso de que Casado logre sobrevivirlas probablemente volverá a cambiar de coordenadas. Pido perdón por el mal chiste pero no está casado ni con nadie ni con ninguna ideología, su proyecto es seguir mandando. Ahora que el PP ya no es siquiera un partido nacional (no pesa políticamente nada en Euskadi y Catalunya, los dos territorios que quiere salvar del pecado de creer que España es plurinacional), ofrecerá probablemente en el futuro grandes alegrías al independentismo. Su torpeza al diagnosticar y su tosquedad al encarar los problemas lo prometen. En Catalunya va desapareciendo, pero deja huellas imborrables. Después de lo que nos hizo impunemente Jorge Fernández Díaz con su policía patriótica Casado eligió a Cayetana Álvarez de Toledo como representante del pensamiento ideológico popular que brota de nuestro territorio. El PP no tiene límites o tiene ya tan pocos límites como seguidores.