20 sep 2020

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Al contrataque

El presidente del PP, Pablo Casado, durante la rueda de prensa tras el 28-M.

DAVID CASTRO

Noches con resaca

Cristina Pardo

El PP no puede ser Vox, como el PSOE no debía ser Podemos. A partir de ahora, será necesaria una revisión de las ideas que quieren defender

“Si Pablo Casado no se va, tendrá que cambiar todo lo demás”. Fue el diagnóstico que hizo un destacado dirigente del PP la noche electoral. Con ese “todo lo demás”, se refería a estrategias, a programas y a personas. Y creo que tiene razón. Vamos por partes. Casado no se puede ir, al menos, hasta ver qué pasa en las municipales y autonómicas del 26-M, aunque haya malos augurios. La prueba es que los candidatos, como Albiol en Badalona, están pidiendo directamente el voto “no al PP”, sino a su persona. Además, no van a querer presencia de líderes nacionales en sus respectivas campañas, para intentar desmarcarse de la debacle en las generales. Así que la sensación no es buena.

Si eso se traduce en malos resultados, Casado tendrá muchas dificultades para hacer frente a las críticas internas. Ahora mismo, ya le piden, al menos a través de las conversaciones privadas con periodistas, cambios inmediatos en la estrategia. Y los primeros ya se han visto este martes en el comité ejecutivo nacional de su partido.

El PP no puede ser Vox, como el PSOE no debía ser Podemos. La gente siempre prefiere el original a la copia. Y Casado intentó ser Abascal endureciendo sus mensajes. No se entendía que, para desgastar a Sánchez, recurriera de nuevo a ETA. Y tampoco que en el último día de campaña ofreciera ministerios a Vox. Daba sensación de desesperación. Sonaba a perdedor y abundaba en la idea de que este PP estaba demasiado escorado.

A partir de ahora, será necesaria una revisión de las ideas que quieren defender. En mi opinión, el actual PP cometió el error de devolver a primera línea temas de conciencia, como el aborto. Eso era algo que, por ejemplo, Mariano Rajoy ya había orillado, viendo que la sociedad iba muy por delante y que no le aportaba nada en las urnas. Decir en campaña que las mujeres embarazadas deben saber lo que llevan dentro o proponer ayudas para el concebido no nacido, reconociendo al mismo tiempo que no saben en qué se traduce eso en la práctica, es desastroso. En España, las elecciones se ganan por el centro, no revisando la ley del aborto.

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Por último, Casado tendrá que hacer una reflexión sobre el personal. Se rodeó de aznaristas, en un tiempo muy poco aznarista. No integró a los perdedores del Congreso e hizo fichajes de dudosa capacidad. A Suárez Illana, ni más ni menos que número dos por Madrid, le tuvieron que esconder en cuanto hizo su primera entrevista. Juan José Cortés, por citar otro caso, llegó a acusar a Sánchez de sentarse con pederastas y asesinos. Las burradas y los aspavientos van a las portadas, pero no necesariamente a las urnas. Paradójicamente, ellos están dentro del Congreso, pero muchos otros se han quedado fuera. Todos ellos son piedras en el zapato de Casado y así se puede andar, pero no llegar lejos.