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Los resultados de JxCat

Laura Borràs, número dos de JxCat, celebra los resultados obtenidos.

JOAN CORTADELLAS

No hay derrotas dulces

Toni Aira

Si ni el hecho que ERC les haya más que doblado en representación no mueve a una reacción real a los herederos de CiU, seguirán bajando

Una conocida fábula con una rana de protagonista nos habla de la dificultad de adaptación a los cambios que no son súbitos. El espacio posconvergente corre el riesgo de convertirse en esa rana que arrojada a un cazo con agua hirviendo salta disparada (y así se salva), pero que introducida ahí con agua a baja temperatura, acaba hervida porque se siente a gusto mientras el fuego va subiendo. Y es que ya hace demasiado tiempo que las diferentes marcas herederas de CiU se conforman con salvar los muebles contra pronóstico, cada vez con menos representación, pero de momento todavía al frente de la mayoría de instituciones clave del país. Y de ahí seguramente un lento declive que no les ha supuesto un revulsivo suficiente como para pararse a reflexionar sobre el proyecto que están construyendo, con qué liderazgos y equipo, en qué dirección y con qué estrategia.

El espejismo del 21-D a un lado (en un contexto excepcional e irrepetible), llevan demasiado tiempo encadenando “dulces derrotas”, cuando estas sabemos que no existen realmente, como lo comprobó aquel PSOE que se conformó con este eslogan en 1996 y pasó un desierto de años hasta empezar a recuperarse.

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Este 28-A, Junts per Catalunya ha caído “pero poco” y si ni el hecho que ERC les haya más que doblado en representación les mueve a una reacción real, seguirán bajando. Seguirán hirviendo, immersos en un supuesto (e inexistente) dulce sabor de la derrota.

Cabe apuntar que la convulsa situación política en Catalunya y la cruda realidad que sufren los líderes independentistas en prisión o en el exilio no ayudan a una autoevaluación serena y rigurosa. Pero esa tesitura también la vive ERC, y en cambio los republicanos van cosechando buenos resultados. Su secreto tiene varias caras: casa en orden, profesionalización de su comunicación (que implica inteligentes alianzas, por inversemblantes que puedan parecer en más de un caso), fijación de una línea estratégica que mantienen contra viento y marea, y buena lectura y reacción rápida ante la sucesión de tremendos acontecimientos que nos afectan a todos.