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Resultados en Catalunya

Gabriel Rufián celebra los resultados obtenidos por ERC.

JORDI COTRINA

El soberanismo crece y apuesta por la política

Josep Martí Blanch

Los 22 diputados independentistas en el Congreso serán un recordatorio del conflicto y los resultados de ERC y PDECat deberían llevar a la reflexión a estos últimos

La Catalunya soberanista sigue ahí, con más fuerza si cabe. Solo que ha dejado claro que quiere hacer política y ha premiado, ¡y de qué manera!, al partido que ha dicho más claramente que está dispuesta hacerla: ERC. El independentismo ha vuelto a superar una nueva prueba de estrés y ha cosechado más actas de diputado de las que obtuvo en los anteriores comicios. Otra cosa es que la aritmética del Congreso y la política de pactos que acabe cuajando lleve aparejada su inoperancia. Pero lo cierto es que ahí van a estar un total de 22 diputados como un recordatorio de que el conflicto político en Catalunya, lejos de desaparecer, sigue creciendo a la espera de que alguien se atreva a resolverlo a través del diálogo y la negociación.

El soberanismo ha dicho que para manejar la política en clave interna le resulta más seductor el discurso y la estrategia de Oriol Junqueras que la de Carles Puigdemont. Puede que este último pueda resarcirse en las elecciones europeas, pero aun siendo así, lo único que querrá decir es que el independentismo avala a Puigdemont como embajador exterior del conflicto pero que prefiere que otras manos dibujen la estrategia en clave doméstica. Que el Front Republicà, media CUP, no haya conseguido finalmente representación viene también a avalar en cierto modo, en este caso desde la izquierda, la posición en la que se ha mantenido Junqueras a pesar de las presiones a las que se le ha sometido por su cambio de estrategia al abrazar las tesis de que la independencia va para largo y no tiene aún suficiente apoyo social.

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En política son muy importantes las percepciones. Como las encuestas auguraban un resultado peor para JxCat, sus siete diputados permiten a sus dirigentes alejarse de la vivencia de un mal marcador. Pero lo es. Basta recordar que, con Francesc Homs a la cabeza, y apostando por la marca Convergència, este espacio político alcanzó los ocho diputados en los últimos comicios a Cortes. Puede que alguien se atreva a iniciar un periodo de reflexión en el PDECAT a la vista de que los republicanos han conseguido doblarles en el momento en el que su manera de actuar más se ha asemejado a lo que tradicionalmente había sido la cultura política de lo que un día fue Convergència. Pero es poco probable, dado que el mal resultado puede maquillarse con el discurso que utiliza siempre y en todas partes de manera recurrente al que le van mal las cosas: podría haber sido peor y no lo ha sido porque lo hemos hecho bien.

Más allá del soberanismo, en Catalunya han pasado cosas que merecen también atención. El PP ha desaparecido a pesar del cartucho del guerracivilismo que Cayetana Álvarez de Toledo vino a detonar como último recurso y Vox, la pésima noticia del día en toda España, no es más que un residuo friki en Catalunya, por ahora. Los resultados de Cs, por su parte, demuestran que Catalunya, en esta ocasión, solo les ha servido para mejorar sus resultados en otras latitudes pero que aquí han tocado techo. Los socialistas, por su parte, han levantado cabeza al ser percibidos como una fuerza que, a pesar de ser unívocamente constitucionalista, prefiere no acrecentar la confrontación, al menos discursivamente.