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Papeletas para votar en las elecciones generales del 28-A.

EFE / ENRIC FONTCUBERTA

La España plural

Najat El Hachmi

También hay españoles que no se sienten representados por los del 'a por ellos' y a quienes se les puede hablar de inmersión sin que les dé urticaria, quienes tienen a Rosalía de Castro entre sus referentes y se interesan por la obra de Víctor Català

Hace unos años participé en un congreso en Bolonia que se titulaba 'La España plural'. Se presentaron ponencias que fueron expuestas en sus lenguas originales: catalán, castellano y gallego. No hizo falta traducción simultáneo porque la intercomprensión de idiomas románicos no requiere estar dotado de capacidades sobrenaturales. Prueba de ello es que incluso Cayetana Álvarez de Toledo, a pesar de sus prejuicios contra el catalán (algo que puede dificultar mucho el aprendizaje de una lengua) fue capaz de participar en un debate electoral que se realizó en la lengua de Rodoreda.

Aun así el congreso en cuestión resultó sorprendente por la naturalidad con la que cada participante abordaba cuestiones que aquí parecerían particularidades marginales sin cabida en la agenda central pero también porque el conjunto que acabaron configurando los participantes era muy insólito. Insólito en España, claro, porque en otras partes del mundo no es nada raro encontrar universidades donde se estudia y se enseña lo que aquí se relega a los márgenes.

Esa España existe aunque no sea muy visible. No la forman solamente los que, por tener una lengua y una cultura diferenciadas, son especialmente sensibles con estas cuestiones. También hay españoles que no se sienten representados por los del 'a por ellos' y a quienes se les puede hablar de inmersión sin que les dé un ataque de urticaria, quienes tienen a Rosalía de Castro entre sus referentes y se interesan por la obra de Víctor Català. Negar la existencia de esta España es encerrar a millones de personas en un esencialismo injusto. Su voz no se escucha porque queda tapada por el ruido ensordecedor de los que añoran unos tiempos pasados más uniformados, más homogéneos, quienes se desgañitan clamando por una España inventada, que solamente fue posible mediante la fuerza bruta de la represión. Son quienes niegan la españolidad en nombre de la pureza. Pero ya les contestó Pepe Rubianes cuando quisieron expulsarlo de la patria pequeña y asfixiante que quieren: “pero si hablo tres de sus lenguas, ¿cómo no voy a ser español?”.

Cada cual que saque conclusiones del resultado electoral de domingo pero lo que no se puede negar es la pluralidad de fuerzas que nos van a representar en la legislatura que empieza, una pluralidad que tendría que ser abrazada como elemento definitorio de la España opuesta a la rancia que fomenta el odio y niega el papel principal de la política: el diálogo, la capacidad de pactar y encontrar  equilibrios donde parecen imposibles, soluciones políticas a los conflictos políticos. Para empezar una nueva etapa que ponga en valor esta diversidad hará falta no volverse de espaldas a nadie y menos a Catalunya, que ha mandado un mensaje contundente al centro. Sin escuchar este mensaje la construcción de una España plural volverá a cerrarse en falso.