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El bloque de la izquierda

Pedro Sánchez celebrando la victoria electoral ante sus militantes y seguidores.

JUANJO MARTÍN (EFE)

Gana el pragmatismo

Carmen Juan

Frente al extremismo y la radicalidad a la que se ha lanzado enloquecida toda la derecha, se ha impuesto la moderación

La noche electoral tuvo el interés de un partido de la máxima, acorde con una jornada de participación histórica. Seguimos el escrutinio agarrados a las palomitas y la calculadora, para entretener la ansiedad, mientras sumábamos las opciones de formar gobierno durante el escrutinio. Han sido las elecciones más inciertas, las primeras con cinco grandes partidos en liza y con la entrada de la ultraderecha en el Congreso, que acaba así con la llamada excepción española en Europa. Estamos viviendo un cambio de ciclo político que empezó en el 2015 rompiendo el bipartidismo y que culmina ahora con la división en dos bloques ideológicos, la izquierda y la derecha, con poca porosidad entre ellos.

Ganó el PSOE, y ganó el bloque de la izquierda, es decir, ha ganado sobre todo el pragmatismo y la moderación, frente al extremismo y la radicalidad a la que se ha lanzado enloquecida toda la derecha. El PSOE ha obtenido una victoria inapelable, se convierte en la primera fuerza política del país, doblando prácticamente al PP. El PSOE también ha logrado la mayoría en el Senado. El líder socialista, Pedro Sánchez, ha hecho historia, ha ganado dos veces las primarias de su partido, una moción de censura y unas elecciones generales, una resistencia de manual. Éxito absoluto en un escenario muy fragmentado, aunque por debajo de sus expectativas, ya que esperaban gobernar en solitario recurriendo a la geometría variable parlamentaria.

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El PSOE podría gobernar con Unidas-Podemos (UP), aunque el partido de Iglesias no ha tenido una buena noche. UP ha rebajado su representación parlamentaria y no ha alcanzado su expectativa de convertirse en la tercera fuerza política del país, pero se ha colocado en una posición estratégica que le podría llevar al Gobierno. Si Sánchez es un resistente, Iglesias ha sido el renacido en esta campaña, su liderazgo era cuestionado antes de la campaña electoral, su partido parecía descomponerse en luchas orgánicas y su baja paternal lo había sacado fuera de los focos. Su reaparición, coincidiendo con las revelaciones de la guerra sucia sufrida por Podemos a cargo de las cloacas del Estado, y en especial su participación en los debates electorales con un tono sosegado, respetuoso y esgrimiendo la Constitución, le han hecho ganar puntos, aunque no los suficientes como para consolidarse como la tercera fuerza política del país o como el socio estratégico indispensable del nuevo gobierno.

La victoria de UP es “suficiente” según Iglesias, que apuesta por trabajar “discretamente” para construir un Gobierno de coalición de izquierdas, pero Pedro Sánchez tiene también el comodín de Cs para formar gobierno. Parece difícil que Sánchez y Rivera puedan vencer sus antipatías personales y que Cs renuncie a disputarle el liderazgo de la derecha a un Pablo Casado que ha llevado al PP a la debacle, pero en política puede pasar de todo. Y dentro de un mes las autonómicas y las municipales y las europeas. Esto no ha hecho más que empezar.