19 feb 2020

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Análisis

Los candidatos posan ante la prensa gráfica antes de iniciar el debate en TV-3.

ALBERT BERTRAN

Catalunya, hacia un bipartidismo imperfecto

Joaquim Coll

El hundimiento del voto puigdemontista y el proyecto fallido de Cs dibuja un escenario de preeminencia de republicanos y socialistas los próximos años

Ahora mismo hay más incertidumbre sobre el resultado final de este domingo que cuando hace tres semanas empezó la campaña. Por un lado, se incrementa la sensación de que el zarpazo de la ultraderecha puede ser mayor del previsto por las encuestas. La duda es si Vox dará la sorpresa en la derecha española, pudiendo hundir al PP por debajo de los 80 diputados y superando a Ciudadanos, o el factor que permita a esas tres fuerzas sumar una mayoría absoluta que antes de Semana Santa parecía poco probable. Por otro lado, la pobre actuación de Pedro Sánchez en los debates televisivos -estuvo peor en RTVE que en Atresmedia- parece haber roto la tendencia ascendente del PSOE en beneficio de Unidas Podemos. El tono sosegado y propositivo de Pablo Iglesias, cuyas propuestas electorales presentó casi como la trasposición de los artículos sociales e igualitarios de la Constitución, puede haber invertido la transferencia de voto. Pero en las 28 provincias de la España vacía, la recuperación a los morados no les serviría de mucho y, en cambio, impediría que el PSOE optimizase en diputados su condición de primera fuerza en beneficio del bloque de derechas. Ahí se juega casi todo.

En Catalunya, los resultados podrían evitar el bloqueo del nuevo Congreso y marcar una tendencia hacia un mapa electoral con un bipartidismo imperfecto entre ERC y PSC. Ahora bien, no es lo mismo quién quede primero. Para el  constitucionalismo, que los socialistas volvieran a ganar sería muy importante en términos de relato y proyecto. Y eso es posible por dos razones. Primera, porque nadie se cree la acusación de PP y Cs de que vayan a pactar la autodeterminación cuando además el referéndum ha dejado de ser tanto para ERC como en menor medida para JxCat una exigencia a corto plazo. Y, segunda, porque la marca electoral de Podemos en Catalunya está rota, con unos candidatos como Jaume Asens o Gerardo Pisarello que no gustan a una parte de los suyos. Mientras Iglesias ha intentado conservar a sus votantes presentándose como la garantía para un gobierno de izquierdas, orillando la espinosa cuestión territorial, los de En Comú Podem han hablado sobre todo de presos y referéndum, exhibiéndose como una fuerza soberanista. El resultado es que los comunes podrían perder hasta la mitad de los 12 diputados que obtuvieron en 2016, en beneficio sobre todo del PSC.

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Si en el campo independentista la tendencia a concentrar el voto en ERC es clara, en el constitucionalista al PSC se le presenta una oportunidad. Cs es un partido con poca presencia municipal, su punto fuerte son las autonómicas pero ha renunciado a presentar en el Parlament una alternativa al Govern de Quim Torra. La marcha de Inés Arrimadas al Congreso lo pone claramente de manifiesto sin que vaya a lograr mejorar los resultados de la formación naranja en Catalunya este domingo. Además, la deja huérfana de liderazgo a pocos meses de unas inevitables elecciones tras la sentencia del juicio. El hundimiento del voto puigdemontista y el proyecto fallido de Cs dibuja un escenario de bipartidismo imperfecto entre republicanos y socialistas los próximos años.