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Dos miradas

Búsqueda de la mujer y el niño asesinados en Tenerife.

EFE / CRISTÓBAL GARCÍA

En la cueva

Emma Riverola

Hay un mundo poblado de niños que ven humillar, golpear, incluso matar a su madre por su padre

Tiene cinco años. Y parte de tu vida quedará enterrada para siempre en la cueva. Ahí donde encontraron el cadáver de su madre y el de su hermano. Él pudo escapar. Escapar de la muerte y de su padre. Ambos contenidos en un mismo y único cuerpo. Un dios que debía ser protector y pasó a ser el dios de la venganza y el odio. ¿Cómo se vive a partir de ese momento? ¿Cómo se crece, se juega, se ama cuando has visto a tu padre quebrar la vida de quien te la dio?

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Tiene cinco años y quizá nunca lo supere. Sus pupilas impregnadas de un dolor ancestral. Hay un mundo poblado de niños como él. Hijos que ven humillar, golpear, incluso matar a su madre por su padre. Si los ojos que miran son los de una niña, ya sabe que su cuerpo ha nacido para eso. ¿Cómo te enfrentas al futuro, cómo contemplas tu piel cuando sabes que no te pertenece? Si es un niño, aprende que sus puños tienen la capacidad, el poder, la posibilidad de hincarse en los cuerpos de las mujeres. ¿Cómo te relacionas con los demás cuando no diferencias el odio del amor?

Tienen cinco, dos, nueve, ocho años. Son invisibles. Les vemos por la calle, en las aulas, en los parques infantiles, pero no sabemos que habitan en la cueva. En ese lugar tan antiguo como el mundo, donde los rostros pierden sus facciones y las sombras se pegan al corazón. Si no les rescatamos seguirán viviendo ahí, atrapados entre tinieblas. Y pariendo hijos con la mirada herida por el machismo.