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El silencio de las víctimas

Cayetana interpelando a la ministra Montero. 

RTVE

Sexo no consentido

Imma Sust

De jovencita, me negué a hacer el amor con mi novio. Él me agredió y yo me quedé en silencio absoluto. ¿Cómo se atreve, señora Cayetana, a frivolizar con la violencia de género?

No es lo mismo el sexo consentido que el no consentido. Básicamente, porque el no consentido no es sexo. Es otra cosa.  Cuando conectas con alguien, cuando haces el amor, cuando te amas físicamente, el silencio puede ser maravilloso.

Cuando el sexo no es sexo, la cosa cambia. El silencio viene provocado por el bloqueo, el miedo y el terror.

Dicho esto, querida Cayetana Álvarez de Toledo, después de escucharla decir aquello de: «¿De verdad van diciendo ustedes sí, sí, sí hasta el final?» . O preguntarse en serio «Un silencio es un no?».

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¿A que se refería? En el debate se estaba hablando de violencia sexual. Igual es que no entiende la diferencia entre sexo y agresión, cosa que me parecería muy triste y muy peligrosa.  Si se refería a relaciones vamos a llamarlas consentidas, entonces me parece que la pregunta estaba fuera de lugar. En la cama, decimos muchas cosas y no todas se pueden decir en la tele en horario protegido. Si se refería a violencia sexual, entonces pienso que empatiza poco, por no decir nada, con las mujeres que han sido o pueden ser agredidas sexualmente en algún momento de sus vidas.

Le pondré un ejemplo de lo caro que le puede costar un 'no' en un momento dado. Cuando era jovencita, me encontré  con la difícil situación de lidiar con un novio machista que me maltrataba psicológicamente. Me decía cómo tenía que vestir, a quien tenía que mirar y muchas barbaridades más que me iban anulando lentamente. Mi vida se convirtió en una estrategia para evitar discusiones. Llegó el día en que no quise hacer el amor. Podía haberlo hecho para evitar la bronca, pero no quise y me planté. Él se enfadó y me agredió. No me violó, solo me tiró del pelo y me pegó un guantazo. ¿Yo qué hice? ¿Me fui corriendo?  Pues no. Me quedé sentada en el suelo temblando en un rincón sin decir nada. En silencio absoluto. Y solo me pegó un guantazo y me tiró del pelo. Cómo se atreve, señora Cayetana, a frivolizar con la violencia de género. Puede que no digamos 'sí, sí sí' hasta el final. También puede que lo digamos hasta la mitad. Durante un rato y luego, cambiemos de opinión. 'Sí, sí' y luego 'no'. ¿Por qué? Porque me da la gana. Porque soy libre y porque nadie me puede obligar a conectar si yo no quiero. Y si me obligas, ya no conectamos. Solo conectas tu. Con tu ira, tu machismo y tu maldad. Malditas sean las mujeres que no entienden eso.