Ir a contenido

El tablero político catalán

Salida, voz y lealtad en el PDECat

LEONARD BEARD

Salida, voz y lealtad en el PDECat

Astrid Barrio

Los resultados electorales determinarán el futuro de la formación heredera de CDC ante la posibilidad de que se active la escisión en la línea de Marta Pascal

Una de las principales consecuencias del proceso soberanista es que ha hecho saltar por los aires el sistema de partidos políticos vigente en Catalunya desde la Transición. Los partidos que hasta el 2012 habían sido mayoritarios como el PSC han empequeñecido, los minoritarios como ERC o Ciudadanos se han hecho grandes, algunas formaciones como Convergència i Unió y hasta sus propios partidos integrantes, CDC y UDC, han desaparecido, ha habido escisiones como las experimentadas por el partido demócratacristiano o las que desangraron al PSC y han aparecido nuevas formaciones, como el PDECat o la Crida o como los 'comunes' en los que se ha subsumido Iniciativa, o Podemos, quienes pese a ser nuevos partidos también han sufrido escisiones como consecuencia de la fractura nacional.

De todos ellos, y pese a los cambios que nada han tenido a ver con el proceso independentista sino con otros asuntos, en particular con la corrupción, el único partido que ha mantenido casi toda su integridad ha sido el PDECat. Tras su mutación desde CDC no consiguió retener a toda su militancia, lo que puede ser interpretado como una escisión en silencio. Y también que sufrió la salida de algunos miembros capitaneados por el veterano Antoni Fernández Teixidó, que fundaron Lliures y otros tantos que bajo el liderazgo del influyente Germà Gordó fundaron primero la asociación Nova Convergència y luego el partido Convergents. Pero ninguna de las rupturas supuso ni una enmienda a la totalidad a la evolución del partido ni amenazó la continuidad del mismo.

El ostracismo de Santi Vila

Por ello la insinuación de Marta Pascal, la que fuera coordinadora general del partido, de que podría fundar una nueva formación tras la marginación de los sectores menos proclives a la fagotización del PDECat por parte de la Crida, el artefacto del expresidente Puigdemont, constituye toda una novedad. Hasta ahora el único primer espada que abiertamente había levantado su voz en contra de la deriva del partido había sido Santi Vila, condenado al ostracismo e incluso miserablemente excluido de la caja de solidaridad. Como si no estuviese siendo juzgado por malversación y desobediencia a riesgo de ser condenado, como el resto de acusados, con multas y con penas de prisión e inhabilitación.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Pero lo sorprendente no es el anuncio de una salida, de hecho Pascal ya había hecho oír su voz y expresado su descontento incluso antes de la declaración de independencia, y se había desmarcado de la estrategia de confrontación de Puigdemont hasta el punto de avalar la moción de censura que aupó Pedro Sánchez. Lo que sorprende es que lo haya hecho ahora. Al menos por dos razones. Una porque a las puertas de unas elecciones se arriesga a que ante los más que previsibles malos resultados de Junts per Catalunya se encuentre en ella un chivo expiatorio. Los estrategas pueden respirar tranquilos ya teniendo a quien culpar. Ya se sabe, la división interna es penalizada por las urnas. Y dos porque lo hace antes de las elecciones municipales que es donde se dirimen tanto la fortaleza de la post-Convergència en el territorio en un momento en que ERC avanza y amenaza con convertirse en la fuerza hegemónica, como la capacidad de arrastre del 'puigdemontismo'. Es decir, antes de haber medido las propias fuerzas y de haber constatado que el eventual retroceso del PDECat responde a una situación de falla en la que, ante la merma de calidad del producto ofrecido, los consumidores optan por otro.

Marta Pascal se arriesga a convertirse en el chivo expiatorio de unos malos resultados electorales de JxCat

Durante mucho tiempo, Pascal y los resistentes del diezmado sector moderado del PDECat optaron por la voz y la lealtad, pero no por la salida porque tenían mucho que perder. Ahora sin incentivos selectivos y quién sabe si auspiciados por los indicios de una nueva ola en la recomposición del sistema de partidos, pueden estar finalmente dispuestos a optar por una salida que puede hacer implosionar al partido y dar lugar a una formación alternativa. Todo en la perspectiva de las elecciones autonómicas que previsiblemente se celebrarán a partir de otoño una vez se conozca la sentencia tras el juicio.

De momento el resto del PDECat ha optado por el silencio, es decir por la lealtad, pero en junio, si los resultados electorales son malos, pueden activarse los que opten por alzar su voz para tratar de reconducir el partido o lo que opten por acompañar a Pascal en su posible salida. En ese caso, definitivamente se habrá roto el PDECat y quién sabe si para ayudar a reconstruir la clave del sistema de partidos catalán.