14 ago 2020

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Barcelona y Sant Jordi

La Rambla de Catalunya durante la ’diada’ de Sant Jordi del 2018.

JOAN CORTADELLAS

Hoy no será el mejor día para embelesarse y comprobar que la literatura es vida y es calle y es ciudad

Cuando Marina Espasa, la responsable de la oficina Barcelona Ciutat de la Literatura, me dio el 'Mapa Literari de Barcelona' ​​se le iluminó la cara. Sospecho que le debe pasar cada vez que hace entrega de esta guía que sirve para deambular por la ciudad a través de los libros y de los autores que la han habitado a lo largo de los siglos. Calles por donde han paseado (y amado y muerto) sus personajes o ellos mismos, bares que han frecuentado, cementerios donde reposan, casas donde vivieron, espacios que se han hecho famosos gracias a la literatura. Es una joya, e incluso es atractivo por el tacto. No es de esos mapas relucientes o demasiado llamativos, no es un mapa de baratillo, de turista apresurado, sino que, con un satinado discreto, tiene una textura amable. Sabe mal incluso desplegarlo y usarlo, es decir, estrujarlo y llevarlo en el bolsillo posterior del pantalón, que es lo que hacemos con todos los mapas.

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De hecho, sin embargo, conviene que lo magullemos para descubrir los rincones desconocidos y para certificar los que ya conocemos. Hoy no será el mejor día para llevar a la práctica esta propuesta geoliteraria, la del 'flâneur' que se embelesa y comprueba que la literatura es vida y es calle y es ciudad, porque hoy muchos están pendientes del mapa efervescente de las firmas y del espectáculo. Pero no tarden en hacerlo. Es una cata lujosa que, como el armagnac, tiene que degustarse rozando la copa con las manos. Con pausa.

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