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Pequeño observatorio

Mi padre me decía: "Vuelve a cantar". Y ahora sé que quería decir: "Alejamos los problemas"

Cuando yo era adolescente en casa había un piano. Un hecho habitual, tal vez, en los ámbitos de la burguesía. Pienso, también, que ya hace mucho tiempo que no puedo volver a ver aquella escena. Mi padre tecleando las notas de una canción que yo cantaba a su lado pero mirando la partitura. Un padre, un hijo y una voz. Una escena que podía ser británica.

No sé por qué en aquella inmediata posguerra mi padre compró unas partituras de canciones que estaban de moda. No sé por qué mi  padre llevó aquellas partituras, si yo no sabía interpretarlas. Pero él sí. Y en aquella posguerra que nos era muy difícil que pudiera sonar en casa un poco de música y las tardes, en casa, fueran algo alegres.

A mí me gustaba cantar y veía que las noches no se hablaba de guerra sino que mi padre me decía: "Vuelve a cantar esta canción, lo puedes hacer mejor. Y ahora sé que volver a cantar una canción quería decir: "Alejamos los problemas, que las canciones alejen un poco las preocupaciones".

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La radio, en aquellos años, fue muy importante, pero había que aprender como había que escucharla para no caer en alguna trampa política. Hoy nos pueden parecer malas, aquellas canciones. Yo pienso que a veces nos hacía un gran bien porque nos hacían pensar que no todo era hoy, sino que podía haber un mañana.

El piano fue para mí un gran amigo. No dominé la técnica pianística pero me enseñó que el mundo tiene muchas teclas y hay que saber elegir. ¿No es eso la vida?

Mi abuelo Espinàs me enseñó a tocar una pequeña pieza con las dos manos. Pero lo encontré demasiado complicado.
Quién sabe si ese momento nació en mí la admiración y el gusto por la simplicidad.

Y ya hace tiempo que he aprendido que 'literatura' no puede ser que rime en 'tortura'.

Temas: Música