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Al contrataque

Arrimadas durante su visita a Vic. 

Jordi Pujolar / ACN

El fanatismo canino

Xavier Sardà

Eres uno de los ciudadanos que protestan contra la presencia de algunos políticos en tu ciudad. La vida es gris y mediocre excepto cuando el visitante te da la opción de ser algo o alguien

Observo que eres uno de los ciudadanos que protestan impetuosa y enérgicamente contra la presencia de algunos políticos en la ciudad en la que vives. Observo que la ciudad en la que vives puede estar en diferentes puntos del mapa, pero la rudeza y la severidad del tono de la protesta es idéntico.

Argumentas que los que vienen a la ciudad en la que vives solo quieren provocar. Siendo así, no parece que caer en la provocación sea lo más inteligente ni ingenioso por tu parte. Observo detenidamente la cara de irritación y enojo que se te pone cuando bramas desgañitándote. Quieres que se vayan y querrías que no existiesen.  Entiendes que el foráneo, por su atrevimiento, merece la desconsideración, el insulto y la intimidación.

Insultos contra el foráneo

Efectivamente, mucha gente dice que venir a la ciudad o el pueblo donde vives es una provocación. Vamos, que es mejor dejarte tranquilo y no sobreexcitarte, para evitar tu espectacular reacción de enojo. Al odiar al visitante y a sus adeptos, tu berrinche es geométrico. Si estáis entre vosotros bien, pero si viene el foráneo, gritos insultos y golpes. Por eso hay quien dice que es mejor que no te visite nadie. Hay gente progresista que critica a los que van a tu ciudad y comprenden paternalmente tus rabiosos espumarajos.

De hecho, crees en el muro. Un muro que no deben franquear aquellos que no 'piensan' como tú. Vigilas, observas y llegado el momento, te reafirmas personalmente como quizá en ningún otro momento. Cuando te provocan eres irreductible. Ordenas y mandas. La vida es gris y mediocre excepto cuando el visitante te da la opción de ser algo o alguien. Te revistes de fuerza gravitatoria y existencial. Eres el 'hooligan' de un equipo que no existe. Cuando se va el visitante, todo vuelve al gris existencial.

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Si cambiases de ciudad sucedería lo mismo. No es por tu patria. Tu patria es tú en grupo, sea aquí o en Rusia. Por cierto, que cuando hay hostias, resulta difícil distinguir a un fascista de un antifascista.

Recomiendo el libro de Amos Oz 'Contra el fanatismo'. El autor se pregunta en relación al conflicto palestino-israelí, ¿Quiénes son los buenos? ¿Quiénes son los buenos y los malos de la película? Dice después que no hay ángeles ni demonios y que todos son víctimas.

Esta visión compleja de los temas es la que detestáis los fanáticos. Queréis que todo sea como una película del Oeste, con héroes y villanos. Los que no nos hemos convertido en fanáticos, somos traidores a los ojos del fanático. La semilla del fanático siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral que le impide llegar a cualquier tipo de acuerdo.

Si alguien dijese que quien venga a mi barrio me provoca, me sentiría más canino que humano.