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La reconstrucción de la catedral

Vista aérea de Notre Dame.

gigarama.ru

Cheques para Notre Dame

Olga Merino

Sin las donaciones de las grandes fortunas, difícilmente podrá acometerse una reforma tan costosa con el Estado endeudado hasta las cejas. El problema es otro, es la brecha de desigualdad y la evasión fiscal

Sobrecogía contemplar las llamas que devoraban Notre Dame justo en este preciso momento, cuando los cimientos de Europa tiemblan como un flan de gelatina. ¿Habrán sobrevivido las fascinantes gárgolas? Tras la catástrofe televisada, Francia se ha puesto enseguida manos a la obra, con los millonarios del país a la cabeza doblando las apuestas de sus donaciones como si estuviesen jugando al póquer. Algunos de quienes han forjado imperios en el mundillo de la ostentación vana —los Pinault (Gucci), los Arnault (Louis Vuitton, Moët & Chandon) o los Bettencourt (L’Oréal)— abren ahora la chequera para salvar un lujo de verdad, un símbolo del Viejo Continente, de su historia y su cultura. La moda lo ha puesto de moda: también Bulgari ayudó a restaurar las Termas de Caracalla en Roma.

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El gesto de los magnates franceses parece una operación de márketing diseñada a medida para lavar pecadillos, igual que en el bajo medievo los ricos compraban indulgencias a la Iglesia para expiarlos o para que sus muertos salieran lo antes posible del purgatorio. Pero bien mirado, si no son las grandes fortunas las que se rascan el bolsillo, difícilmente podrá acometerse una reforma tan costosa con el Estado endeudado hasta las cejas. Mejor que paguen los acaudalados que ver Notre Dame convertida en un centro comercial con su sala multicines y sus expendedores de palomitas. Hay muchas maneras de ser rico. Y estos, por lo menos, compran arte y saben apreciarlo. El problema es otro. El problema es la brecha de desigualdad que viene abriéndose en Francia y que estalló en la calle con la revuelta de los 'chalecos amarillos'. El problema es la enorme evasión fiscal.

Los expertos en arquitectura dicen que Notre Dame se ha mantenido en pie gracias a las bóvedas de piedra secular, que trabajan a compresión,  generando cargas verticales y empujes horizontales sobre sus apoyos que mantienen el conjunto en equilibrio. Así deberían sostenerse las sociedades, sobre el arco de bóveda de un sistema impositivo justo, que redistribuya la riqueza y fulmine el fraude.