Ir a contenido

Al contrataque

Un trabajador comprueba el estado de una estructura de madera de Notre Dame.

AP / FRANÇOIS MORI

A través de las llamas

Emma Riverola

Notre Dame volverá a brillar con las deducciones fiscales de las que se beneficiarán los más ricos. Y seguirá siendo un símbolo de Europa, la más magnífica exhibición de la desigualdad

“Yo nunca había oído una misa como aquella. La bóveda de la iglesia descalabrada, las paredes ahumadas y desconchadas, los altares destruidos, ausentes, y aquel gran vacío negro al fondo, donde estuvo el altar mayor, el pavimento invisible bajo el polvo de los escombros, ningún banco para sentarse…”. Estas palabras fueron escritas en catalán. Publicadas el 18 de diciembre de 1909. Brotaron fáciles, del dolor, pero les costó ver la luz. Censura, retrasos… Eran tiempos revueltos. Barcelona aún mostraba las heridas de la Setmana Tràgica, cuando una multitud tomó las calles en protesta por el envío de reservistas a la Guerra de Melilla. La mayoría, hombres de mediana edad, padres de familia y pobres, lo suficientemente pobres para no poder pagar el canon de 6.000 reales que liberaba de ir al frente. La injusticia fue la espoleta de una violenta protesta contra múltiples explotaciones. Barcelona ardió y, meses después, el poeta Joan Maragall escribía tres artículos. En el primero denunciaba la injusticia social. En el segundo pedía el indulto para los condenados a muerte. Y en el tercero describía sus sensaciones al asistir a misa en una iglesia quemada: “Destruyendo la iglesia ha restaurado la Iglesia, porque esta es la verdadera, esta es la viva, esta es la que se fundó para vosotros, los pobres, los oprimidos, los desesperados, los llenos de odio...”.

Notre Dame no fue quemada por las manos enfurecidas por la injusticia, esta vez no. Pero sus sillares ennegrecidos conservan la memoria de múltiples luchas. Elevados para ensalzar la monarquía y la Iglesia, despreciados por la revolución, ensalzados de nuevo por el aliento de las letras. Lo que se ha quemado es irreemplazable. Para quienes tuvieron la suerte de verlo, quedará en su memoria. Para los que no, tendrán las imágenes y la imaginación que, al fin, es el más antiguo, más barato y más seguro salvoconducto para viajar por el tiempo y el espacio. Son muchos los que la lloraron al sentir que un bien propio se perdía para siempre.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Notre Dame sigue en pie. Diezmada, mutilada, pero ha resistido. Ahora se abre el debate de qué hacer con ella. No parece contemplarse lo más simple, el refuerzo de su estructura y la continuidad del vacío dejado por las llamas. Aún ardía la iglesia cuando las grandes fortunas se pusieron al servicio de su restauración. Una avalancha de donaciones millonarias para una ciudad en la que los refugiados duermen en las calles y los 'chalecos amarillos' queman su ira. No hay ofrendas para “los pobres, los oprimidos, los desesperados, los llenos de odio…”. Las catedrales se levantaron con los diezmos del pueblo, Notre Dame volverá a brillar también con las deducciones fiscales de las que se beneficiarán los más ricos. Y, al fin, seguirá siendo un símbolo de Europa. La más magnífica exhibición de la desigualdad.