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Elecciones generales

Pedro Sánchez, durante el debate electoral celebrado el 13 de junio del 2016.

JOSÉ LUIS ROCA

Debates a contraconveniencia

Xavier Bru de Sala

En el ecuador de la campaña, todo parece indicar que Pedro Sánchez ha llegado a la cúspide antes de tiempo. En esta peligrosa situación solo se pueden hacer dos cosas: quedarse plantado con riesgo de congelación, o iniciar el descenso. Mientras tanto, sus rivales resoplan y llevan a cabo los máximos esfuerzos para llegar lo más arriba posible. A Sánchez no le conviene llamar mucho la atención. Para los demás, gesticular al máximo es cuestión de vida o muerte.

Desde un punto de vista subjetivo y de partido, es natural que alguien que se encuentra ya en lo alto, y más si cuenta con una ventaja tan considerable, evite resbalar. Para el equipo de quien se ve ganador, existen tres reglas para encarar los debates: 1. No debatirás si no tienes nada que ganar. 2. Si te ves obligado a cubrir el expediente y debatir, hazlo lo menos posible, en las mejores condiciones para ti y las peores para tus rivales. Y 3.- Más vale sufrir desgaste de imagen por un no debate que perder posiciones en un debate. Ni qué decir tiene que para todos los demás estas normas se dan la vuelta como un calcetín. Por eso están todos de acuerdo a la hora de forzar al candidato socialista a bajar a la arena tantas veces como sea posible. Solo si Sánchez pierde intención de voto, los otros tres pueden ganar terreno.

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La exclusión de Vox del debate de Atresmedia es el primer contratiempo serio en la campaña de Sánchez. Con lo bien que le habría ido poner el PP y Cs en el saco de la extrema derecha y quedarse así con todo el centro. Por si la Junta Electoral no le hubiera complicado bastante la vida, él y sus dos equipos (Ferraz y Moncloa) se enredaban aún más. Maniobra tras maniobra, se resistían a los dos debates y hacían lo posible para anular o disminuir sus efectos. Se imponía la tercera norma: más vale desgaste por no debatir que derrota en el debate... Pero no contaban con la autoconfianza y el amor al peligro del funambulista Pedro Sánchez, especialista en sobrevivir a situaciones límite. Una vez en el vértice de los sondeos, renuncia a hacer el pasmarote y prefiere jugársela al hilo de la cresta. Dos debates, aunque el primero, el bueno, el que tendrá más audiencia, en la cadena que controla.

A fin de cuentas, la ventaja de Sánchez es lo suficientemente grande como para que se pueda permitir ciertos riesgos. El voto del tripartito está muy dividido entre PP, Cs y Vox. Hoy por hoy, con una intención conjunta de voto de la derecha de dos puntos por encima de la suma de PSOE y Podemos, los socialistas obtendrían una veintena de diputados más. Regalo de la ley electoral al único superviviente del bipartidismo y castigo a los que, capitaneados por Aznar, no han tenido en cuenta que esta ley fue diseñada para perjudicar a los pequeños. Cuanto más pequeño, más penalización. Cuanto más se acerquen entre ellos PP, Cs y Vox, más diputados para los socialistas aunque bajen un poco.

Para quien ha llegado a la cumbre de los sondeos en unas circunstancias tan adversas, el máximo peligro sería una remontada en solitario del PP. Por eso, ahora como ya no está en su mano ayudar a Vox, Sánchez aprovechará los dos debates para favorecer a Rivera en perjuicio de Casado.