26 nov 2020

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Prioridades de la inversión en investigación

Agujero negro

EL PERIÓDICO

Agujero negro

Pere Puigdomènech

En investigación, solemos apostar por lo urgente, pero también hay que dejar vía libre para entender el mundo

La noticia científica de las últimas semanas es la publicación de la primera imagen de un agujero negro. Ha sido un hito técnico extraordinario. Es el experimento científico que más datos ha tenido que recolectar y tratar. Finalmente nos deja una imagen que confirma las actuales teorías de la física. Podemos comprender que, aunque sea un objeto lejano y sin relación directa con nuestras vidas, los que lo han conseguido hayan querido presentarlo como un resultado histórico.

El experimento ha sido llevado a cabo como una colaboración entre radiotelescopios ubicado en Estados Unidos (Arizona y Hawái), Chile, México, la Antártida y España en la estación del Pico Veleta en Granada. Trabajando de forma coordinada han podido funcionar como un telescopio tan grande como la Tierra. Este tipo de experimento ha implicado establecer protocolos de coordinación de gran complejidad y de sincronización para llevarlo a cabo en momentos favorables. Se fijaron en un agujero negro que había sido detectado en el centro de la galaxia Messier 87 que se encuentra a 55 millones de años luz, y que tendría una masa de 6.500 millones de veces la masa del Sol. Se trata de un objeto enorme y relativamente cercano. Ha necesitado el trabajo de casi 300 científicos de todo el mundo que han tenido que reunir y tratar una de las más grandes masas de datos nunca recogidas en un experimento.

La trascendencia del hallazgo

Los resultados obtenidos, convertidos en forma de imagen, son compatibles con las teorías actuales de la física, la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica, que se estaban construyendo hace cien años. Es una demostración potente de que nuestras teorías sobre la materia y sobre la evolución del universo son correctas. Para los físicos esto puede ser por un lado positivo porque confirma la solidez de las ideas sobre las que está montada la ciencia, aunque a algunos les gustaría obtener datos que necesitaran la formulación de nuevas teorías. No hace mucho en otro hito similar, la detección de las ondas gravitatorias, llegaban a la misma conclusión, y nos abría una nueva ventana para explorar la dinámica del universo.

Lo que nos podemos plantear es si todo este esfuerzo y los gastos asociados tienen sentido. Para responder positivamente tenemos dos tipos de argumentos. Uno de ellos es que conocer de qué está hecho el universo y cómo funciona es uno de los objetivos de la investigación filosófica y científica desde que tenemos alguna prueba de ella. Desde este punto de vista vale siempre la pena hacer experimentos para comprobar si nuestras teorías actuales son válidas. En segundo lugar estos experimentos llevan nuestras tecnologías de observación y de tratamiento de datos a su límite. Los desarrollos tecnológicos a que dan lugar tienen a menudo consecuencias industriales de interés. Es una constante en el mundo de los materiales, de las comunicaciones o de la computación.

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Otro tema es cómo decidimos las prioridades en la investigación. Los mismos que han llevado a cabo estos experimentos están acostumbrados a competir por tiempo en los telescopios o por financiación en los fondos de investigación. Los criterios para atribuirlos suelen ser el interés de la investigación ella misma o las posibilidades de resolver algún problema tecnológico o social. En la misma física fundamental tenemos preguntas sobre la materia o la energía oscura del universo a las que no acabamos de encontrar respuesta o sobre los componentes de la materia y sus interacciones que pueden necesitar mucho más trabajo. Las inversiones que requieren estos experimentos son grandes y es comprensible que cuando se llega a un hito significativo como el actual, los que ha trabajado en ellos quieran explicarlo a la gente que en último término paga por todo este trabajo, aunque se trate de un tema que difícilmente servirá para mucho en la vida de las personas. Y podemos pensar que hay otros temas en los que la investigación puede tener un impacto más directo en el bienestar de la gente.

Se trata por tanto de tomar decisiones sobre dónde ponemos nuestro esfuerzo o nuestros recursos con las que nos encontramos tan a menudo. Apostamos ya sea por lo que pensamos que nos dará un beneficio inmediato o bien para lo que nos da satisfacción a largo plazo. Según las circunstancias, con frecuencia apostamos por lo que pensamos que es más urgente. Pero la experiencia nos demuestra que esto no es todo. No estamos del todo satisfechos si no dejamos vía libre también a tratar de responder las preguntas básicas que nos permiten entender el mundo en que vivimos. Y estas respuestas a veces las tenemos que ir a buscar en un agujero negro que está a millones de años luz.

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