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Editorial

Restricciones a la labor de Open Arms

Ni las leyes del mar ni la obligación universal de asistir a quien está en peligro respalda la limitación al rescate de migrantes impuesta al barco

Òscar Camps, frente al barco Open Arms atracado en el puerto de Barcelona.

Òscar Camps, frente al barco Open Arms atracado en el puerto de Barcelona. / VICENS FORNER

Resulta sorprendente que la Capitanía Marítima de Barcelona, dependiente del Ministerio de Fomento, autorice al barco 'Open Arms' a zarpar para llevar 20 toneladas de material de ayuda a los migrantes que se encentran en las islas de Samos y Lesbos y que, al mismo tiempo, prohíba a la embarcación realizar operaciones de rescate de inmigrantes en el Mediterráneo central –el brazo de mar entre Libia, Malta e Italia– salvo en el caso de situaciones “de carácter espontáneo u ocasional”.

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Ni las leyes del mar, de carácter internacional, ni la obligación genérica y universal de asistir a quien se encuentra en peligro respalda esta limitación más de tres meses después de mantener al barco atracado en un muelle de Barcelona, inmovilizada la nave con oscuros pretextos acerca del incumplimiento de convenios internacionales en misiones de salvamento realizadas con anterioridad en embarcaciones de inmigrantes a la deriva. No tiene justificación moral posible que la Administración soslaye el hecho de que con demasiada frecuencia el mar se convierte en fosa común, destino final de quienes huyen de la guerra, del hambre y de la falta de expectativas de futuro. Resulta asimismo penoso deducir que, con condiciones, el 'Open Arms' puede levar anclas ahora, en plena campaña electoral, porque nada hay menos defendible en los mítines y en los debates, con la decencia y el compromiso ético por bandera, que imponer restricciones desde el primer mundo a la protección de los más vulnerables.