Ir a contenido

Policías en el juicio

Cuéntame un cuento

ALEX R. FISCHER

Cuéntame un cuento

Sergi Sol

El PSOE denunció en octubre del 2017 la violencia de la actuación policial, pero ha dado marcha atrás

El 1 de octubre generó tal oleada de indignación que el 3 de octubre propició la mayor movilización de protesta jamás vivida en Catalunya. El PP estaba noqueado. El PSOE olió el desconcierto de su adversario. Toda vez que muchos de sus alcaldes, en Catalunya, mostraron públicamente su indignación ante unas imágenes que sacudieron la opinión pública. No solo en Catalunya. También en Europa.

Y ese mismo 3 de octubre, el PSOE de Pedro Sánchez  tomó la iniciativa y se apresuró a presentar una moción en el Congreso para reprobar a la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, que hoy es socia de un conocido bufete de abogados, el mismo bufete al que en su día echó un cable el Gobierno del PP, cuando pintaban bastos. Justificaron esa moción por el despropósito del operativo,  a todas luces un fracaso visto lo visto. Pese a que Marchena, el magistrado que manda en el Supremo, rehúye cualquier el visionado de cualquier imagen sobre lo sucedido. De manera que los policías y guardias civiles que llevan dos semanas declarando pueden dar rienda suelta a su imaginación y recrear una especie de enfrentamiento con hordas bárbaras que mostraban la ‘cara del odio’.

Marchena escucha el relato conmovedor de unos angelicales señores asediados por unos ciudadanos más malos que el demonio. Y no permite prueba alguna que deje en evidencia su relato. Recuerdan ese hit de Celtas Cortos: ‘Cuéntame un cuento y verás que contento. Me voy a la cama y tengo un lindo sueño...’

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Pues habrá que preguntarle a Xabier Barrena, redactor de EL PERIÓDICO, al que abrieron la cabeza ante un colegio y luego patearon en el suelo. Más o menos lo que contó Enric Millo pero sin el Fairy. Claro que el subordinado de Santamaría a veces parece inspirar la frase de mi amigo Maxi Calero cuando dice "tiene el conocimiento justo para llevarse la cuchara a la boca". Pues al periodista no le mandó al hospital ninguna irada anciana, tampoco ningún joven con cresta. Fue la Policía Nacional que intervino en el colegio Ramon Llull y que le sacudió mientras Barrena grababa la mesurada hazaña de los uniformados.

El amigo Xabier Barrena fue uno de ‘los centenares de heridos’ que denunció el PSOE ese día, públicamente. Y de esos heridos no dudó en responsabilizar a la vicepresidenta, a la postre responsable del CNI y del operativo policial. Santamaría, hija de general, quiso ser Margaret Thatcher y no llegó a sargento chusquero. Por si fuera poco, el PSOE, por boca del mismísimo Ábalos, actual hombre fuerte del PSOE, se echó las manos a la cabeza por la imagen que España había dado en Europa, claro que las ya habituales salidas de tono de Pepe Borrell tampoco es que hoy ayuden precisamente a mejorarla.

Cambio de postura

Si eso estaba tan claro ese día para el PSOE ¿Cómo es que hoy su posición sobre la violencia que se vivió se día se asemeja más a la de Albert Rivera, el PP o incluso Vox? Pues igual por eso los Ciudadanos de Rivera son la pareja de baile escogida para gobernar en España o por lo menos eso dice el lozano Pedro Sánchez.

Los socialistas, que también pescan votos en el caladero de un nacionalismo español transversal, se han metido en un proceso de revisión histórica de lo sucedido

El PSOE se ha metido de lleno en un proceso de revisión histórica de lo ocurrido. Los medios de la derecha aún andan con lo de que el 11-M fue ETA. Pero ese día, en que la autoría del atentado condicionaba la victoria. Si eran los islamistas, el PSOE sacaba partido. Si era ETA, quien sacaba tajada era José María Aznar. La diferencia es que hoy en España no existe esa dicotomía, pescan en el mismo caladero de un nacionalismo español muy transversal (solo hay que escuchar la última disquisición de Cayo Lara) que coincide en que aquí solo puede haber unos culpables. Y estos son los peligrosos ciudadanos que ese día fueron a votar. Y por eso, los dirigentes políticos y sociales que hoy se sientan en el banquillo de los acusados, y por los que se piden penas que significarían pudrirse de por vida en prisión, siguen en prisión y van a seguir en ella.

Autor de ‘Oriol Junqueras. Fins que siguem lliures’.