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La Uni'n Europea y China

Good bye, Deng Xiaoping

MONRA

Good bye, Deng Xiaoping

Guillermo Martínez Taberner

Hay realidades que pueden ser dolorosas de aceptar, pero cuanto antes se aborden más pronto se puede empezar a dibujar un escenario deseable

Mientras el mundo sufría las consecuencias de la crisis financiera, se produjo un cambio de tendencia por lo que se refiere a los flujos globales de capital. Uno de los procesos subyacentes ha sido la transformación de China de principal receptor de la inversión extranjera directa a convertirse en uno de los principales inversores netos a escala mundial. No se trata de un cambio coyuntural, sino que es fruto del  cambio de paradigma económico del gigante asiático que transita del modelo iniciado con Deng Xiaoping, basado en la producción fabril de manufacturas exportables a los mercados maduros, a un modelo basado en el consumo interno, la urbanización, la  I+D, los nuevos liderazgos industriales y la internacionalización de su economía. Ya no se trata de importar lo que el mundo sabe y producir lo que el mundo quiere, sino de ejercer un papel en el exterior como  la superpotencia productiva, comercial y  financiera que es el País del Centro.

La conocida iniciativa del 'One Belt, One Road' (OBOR) lanzada por el gobierno de Xi Jinping es una estrategia de integración comercial y económica de la macroregión euroasiática que sirve de paraguas para la internacionalización de los productos, las empresas, el capital de origen chino y, también, del renminbi. Una nueva realidad ante la que los países europeos han ido despertando progresivamente de forma disonante.

Alemania ha pasado de forma pendular de paradigma europeo de socio comercial de China a liderar las reticencias de la inversión china en determinados sectores, especialmente cuando se pasó de la adquisición de empresas en sectores maduros a la adquisición en empresas basadas en un uso intensivo de tecnología como la empresa de robótica Kuka. Francia sigue mostrando una tendencia volátil  entre la empatía y la desafección, de las visitas de Emmanuel Macron y la venta de aviones Airbus a las reticencias y las llamadas a la unidad de acción europea también vistas en la reciente visita de Xi Jinping. En la Europa meridional, mientras en países como Portugal y Grecia llevan años de sólida presencia de inversión china en sectores estratégicos, como el energético o el logístico, el Gobierno italiano está intentando tomar la delantera como socio preferente al firmar un acuerdo para sumarse a dicha iniciativa china.

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Los medios de comunicación se cuestionan, con cada visita presidencial china, quién está afinando más en este coro de voces disonante. La respuesta es que todos están parcialmente acertando y equivocándose. Pensar en China como un "enemigo sistémico" puede llevar a la distorsionada conclusión que el Gobierno chino preferiría un escenario de inestabilidad en Europa. En realidad, la UE es percibida como un mercado relativamente homogéneo de clases medias con poder adquisitivo para comprar productos chinos con cada vez un mayor valor añadido, con activos tecnológicos que pueden contribuir a su propio liderazgo en nuevos sectores y con una cada vez más significativa inversión directa acumulada. Además, una estable relación con la UE puede servir para compensar el enconamiento de la confrontación entre China y Estados Unidos en una posible guerra fría comercial. Asimismo, la cooperación con la UE es clave en la estrategia de 'soft power' de China para mejorar su imagen a nivel global y evitar que temas menos deseables copen los medios de comunicación o los encuentros internacionales.

Evitar los prejuicios

Ahora bien, evitar los prejuicios ante la coperación económica con China es solo el primero de los criterios para saber encarar la nueva realidad global. La unidad en la supervisión y acción europea por lo que se refiere a la inversión extranjera, en lugar que cada país actue de forma independiente, es la única vía para que en el medio plazo las oportunidades superen los peligros potenciales que representa la nueva competencia, como la inversión en sectores sensibles desde el punto de vista de la seguridad, la adquisición de activos tecnológicos en sectores estratégicos como la inteligencia artificial, o el control por parte de empresas estatales chinas de infraestructuras logísticas clave desde la perspectiva geopolítica.  Asimismo, los diferentes intereses de China por el mercado europeo deben servir para conseguir una reciprocidad de condiciones para las empresas europeas interesadas en el gigante asiático como mercado de consumo.

Los países europeos pueden seguir pensando que el mundo es como era con anterioridad a la crisis global, pero lo cierto es que cuanto antes despierten a la nueva realidad, más probable será evitar un escenario en el que  Europa se haya convertido definitivamente en un gran museo, con una población envejecida e incapaz de  adaptarse a las nuevas revoluciones tecnológicas que llaman a la puerta.

Responsable del Departamento de Economía y Empresa de Casa Asia. Profesor Asociado de la UPF.