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Dos miradas

Seis imágenes del primer agujero negro que ha sido fotografiado.

Y de la poesía

Josep Maria Fonalleras

La poesía se esconde en la ciencia, como saben muy bien los poetas y los científicos

¿Ya se han hecho todas las bromas posibles sobre la fotografía del agujero negro? Aún debe de quedar alguna, porque, en el fondo, más allá de las comparaciones graciosas, indefensos ante la enormidad, esta concentración descomunal de masa en un volumen tan reducido y con una fuerza de la gravedad tan poderosa, inconmensurable, nos atrae de una manera enigmática. Para los legos, la sola contemplación del fenómeno, más allá de la capacidad para entenderlo, nos informa de que hay una realidad oscura donde se congregan todas las fuerzas de la física, donde tal vez se resolverá, un día u otro, la combinación de la gravedad, la mecánica cuántica y la termodinámica.

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En todo caso, la poesía se esconde en la ciencia, como saben muy bien los poetas y los científicos, y la ciencia deviene, a estas alturas, poética. El agujero negro, por definición, no puede ser observado, pero ahora tenemos una foto, que no es sino una reconstrucción: fiel, pero ideal. Alguien ha dicho que es como ver, a simple vista, desde la Luna, una pelota de tenis en un campo de tierra batida. Fantástico. Hacía tiempo que no me topaba con una imagen tan sugerente. Y luego está "el horizonte de sucesos", el límite exterior del agujero negro, la frontera a partir del cual ni siquiera la luz puede escapar. ¿Qué metáfora es superior a esta? Como ha dicho el comisario europeo de Investigación, "habrá un antes y un después de esta foto en la historia de la ciencia". Y de la poesía.

Temas: Astronomía