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La maldad

Una de las residencias del grupo Los Nogales en Madrid.

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Brutalismo en una residencia

Carles Sans

Cuando vi las humillaciones a las que aquellas mujeres eran sometidas, sentí una rabia inmensa y pensé que cualquiera de ellas podría ser nuestra madre

Pretendía escribir una columna supuestamente divertida, y sin embargo se entrometió  en mi propósito una noticia tan atroz y tan deprimente que no he podido hacer otra cosa que aparcar mis planes para hablar de unos tales Mónica M. P., Bryan Israel N. C. y María Josefa T. L, tres monstruos que algún día fueran personas y que ahora, como cuidadores en el módulo de ancianos y ancianas con Alzheimer y Parkinson en la Residencia Los Nogales de Madrid, se han reencarnado en demonios.

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Seguramente la mayoría de los lectores habrán oído hablar o habrán visto las imágenes que han emitido los medios de los golpes, las vejaciones, los insultos que estos sádicos infringían a unas pobres ancianas internadas, con la connivencia de la mayoría del personal de la residencia. Cuando vi las brutales humillaciones a las que aquellas mujeres eran sometidas, sentí una rabia inmensa y pensé que cualquiera de ellas podría ser nuestra madre.

No consigo imaginar cuánta maldad pueden acumular esos individuos e individuas y descargarla de una manera tan bestial sobre seres discapacitados e indefensos. Oír sollozar a aquellas pobres ancianas me destrozó el corazón y me hizo sentir una gran repugnancia hacia el ser humano. No es justo, porque el ser humano no está representado únicamente por gente tan miserable que busca la destrucción del otro como un modo de vida, pero situaciones así, aunque sea por un momento, me confunden. Estos cuidadores, por llamarles por su oficio, son escoria irrecuperable. No pueden estar en libertad. No hasta que no entiendan el dolor que han causado, no únicamente a esas mujeres, sino a sus familiares que seguramente con todo el dolor del mundo se vieron obligados a internarlas en un centro. Ingresar a una madre en una residencia no es nada grato, y si descubres que allí ha estado sometida a torturas, te puede romper en mil pedazos.

Espero que la justicia haga pagar muy caro a los responsables directos de estas ignominias y a todos aquellos que, a sabiendas, han mirado hacia otro lado, permitiendo, vaya usted a saber por cuánto tiempo, unas salvajadas tan repugnante como esas.