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IDEAS

Una imagen de Dumbo, de Tim Burton.

Tu infancia en CGI

Desirée De Fez

Me gusta mucho el debate -y me hace gracia el enfado- sobre la moda (que lleva ya unos años) de las versiones en imagen real de los clásicos animados de Disney. Y me gusta porque es bastante más rico de lo que parece. La expectación por el inminente estreno de 'El rey león' (19 de julio), el 'tomatómetro' simétricamente dividido ante 'Dumbo' o el cachondeo a propósito de las pintas de Will Smith en la también inmediata 'Aladdín' (24 de mayo) son más que respuestas automáticas a una de tantas -y tan obvias- maniobras de mercado de los grandes estudios.

La nostalgia y la sensación de estar ante productos oportunistas nos hacen recibir con recelo las versiones en imagen real de clásicos animados de Disney

De esa conversación, de ese enojo y de esa guasa surgen temas interesantes. Mi favorito es nuestra postura como espectadores: ¿recibimos esas propuestas con curiosidad y/o entusiasmo? ¿O las esperamos con desconfianza, con la idea del sacrilegio en mente, incluso cuando vienen firmadas por directores personales (Tim Burton, Jon Favreau o Guy Ritchie)? Sinceramente, creo que esa nostalgia que tanto nos cuesta sacarnos de encima (a pesar de los esfuerzos) y la sensación de estar frente a un producto oportunista y, de algún modo, efímero nos hace recibir esas versiones con recelo.

Otro tema estimulante tiene que ver con lo que esperamos de ellas. Un amigo me explicaba hace unos días que, al salir de ver 'Dumbo', el grupo de gente con el que iba se mostró decepcionado porque la película no se parecía nada a la de dibujos. Es una anécdota. Pero tanto esa anécdota como cierto repudio a las lecturas más libres y conectadas con los tiempos (pienso en 'Maléfica') llevan a preguntarse si el rechazo a lo nuevo tiene siempre una base (está claro que esas actualizaciones pueden ser oportunistas y desafortunadas) o si somos más conservadores como espectadores de lo que pensamos. Otro asunto que activan las revisiones de estos cuentos es la diferencia -yo diría- generacional que marca el CGI: es fascinante comprobar cómo lo que para algunos puede ser la cosa más fea del mundo, lo que nos aleja de la historia, para otros es un tipo de imagen a la que no sólo están acostumbrados sino que además encuentran el espectáculo, la emoción y la belleza.