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DETENCIÓN MEDIÁTICA

El australiano se refugió en la Embajada ecuatoriana en la capital británica en 2012 para evitar su extradición a Suecia.

Reuters

Lenin contra Assange

José A. Sorolla

Los días del 'hacker' en la embajada ecuatoriana en Londres estaban contados desde que Ecuador abandonó la alianza bolivariana

Desde que Ecuador abandonó la alianza bolivariana, con el relevo en la presidencia de Rafael Correa por Lenín Moreno, los días de Julian Assange en la embajada ecuatoriana en Londres estaban contados. Lenín (o Lenin) Moreno, vicepresidente durante dos mandatos con Correa, dio un giro a la política exterior ecuatoriana y, a pesar de su nombre, se alejó de la Venezuela de Nicolás Maduro y se abrió a acuerdos con la oposición interna. Correa acusa ahora a su sucesor de ser “el mayor traidor” de Ecuador y de América Latina por retirar el asilo a Assange.

Correa asegura que Moreno ha dejado caer a Assange porque Wikileaks denunció la presunta corrupción del actual presidente ecuatoriano. Pero Correa puede dar pocas lecciones: vive en Bélgica y no puede volver a Ecuador, donde pesa sobre él una orden de prisión acusado por la justicia de colaborar en el secuestro de un dirigente de la oposición.

Assange no solo ha sido entregado a las autoridades británicas por el nuevo alineamiento geopolítico de Ecuador. Moreno tiene poderosas razones para poner fin a los siete años de asilo, ya que Assange no ha respetado a Ecuador, se ha entrometido en cuestiones internas de países aliados y ha violado, según Quito, convenciones internacionales.

El mayor 'hacker'

En el 2010, Assange se convirtió en el mayor ‘hacker’ mundial cuando la organización que fundó difundió cientos de miles de documentos secretos de la actuación de EEUU en las guerras de Irak y Afganistán facilitados por la soldado Chelsea Manning. Cinco grandes periódicos mundiales contribuyeron a difundir en series interminables los ‘papeles de Wikileaks’, que causaron enorme impacto. Pero desde la primera gran entrega, el prestigio de Assange fue decayendo, enfrentado a algunos compañeros de la web, que le reprochaban su personalismo, y entregado a causas cada vez más oscuras. Al servicio de Vladímir Putin, participó en la conspiración rusa contra Hillary Clinton y a favor de Donald Trump y publicó papeles contra Emmanuel Macron en las presidenciales francesas que le enfrentaron a Marine Le Pen.

Otro de sus servicios especiales fue su alineamiento con el independentismo en el ‘procés’ –llegó a recibir en la embajada al ideólogo Oriol Soler-, criticó la actuación del Gobierno español y acusó a El PERIÓDICO de mentir cuando publicó la nota con la advertencia de EEUU a los Mossos sobre el atentado de agosto del 2017 en Barcelona. Quim Torra, Carles Puigdemont y el inevitable Gabriel Rufián se lo agradecen ahora presentándolo como un mártir de la libertad de expresión, esa que solo tiene una dirección para los dirigentes del ‘procés’.

Acusaciones en Suecia

Por la publicación de los papeles de Wikileaks hay poco que reprochar a Assange. Otra cosa son sus actuaciones posteriores, incluido el peliagudo asunto de las acusaciones en Suecia de cuatro delitos sexuales, casos cerrados, pero que al menos uno se puede reabrir, y que sus defensores relacionaron con la persecución por EEUU. Como ahora empiezan a alertar de que puede ser condenado a muerte, cuando el delito por el que se le acusa en EEUU tiene una pena de cinco años de prisión.