30 mar 2020

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División en el PDECat

Carles Campuzano, Marta Pascal y Esperança Esteve.

JOAN MATEU

Campuzano o la independencia ya no es lo que era

Sílvia Cóppulo

Si unos y otros no trabajan para aumentar la base social, el veterano diputado podría llegar a tener razón

La fecha prevista era el día siguiente de las elecciones municipales, pero el adelanto de las generales ha precipitado la división. La mujer que echó a Rajoy, Marta Pascal (propiciando el 'sí' del PDECaT a la moción de censura) da un paso en dirección a un nuevo partido, que optaría por un tren de vía lenta hacia el independentismo, en contraposición al liderazgo de Carles Puigdemont, subido a un TGV, que primero la defenestró a ella de la coordinación del partido y ahora ha descabalgado de las listas de JxC a aquellos que se movían ideológicamente a su alrededor.

El martes pasado el veterano diputado Carles Campuzano presentaba su libro 'Reimaginem la independència'. Campu, autodefinido como “independentista de toda la vida, gradualista y pragmático”, escribe que era sugerente “acumular fuerzas que permitieran un referéndum acordado con el Estado”. Y que no creyó estar ante “una ventana de oportunidad, que debería permitir realizar por la vía de los hechos consumados la independencia”. Nada de eso ocurrió: el 1-O no hubo un referéndum acordado y la independencia continúa siendo un objetivo, no un hecho. Sostiene ahora el diputado que hay que reconocer “límites imprescindibles: mayorías, normas, procedimientos y unidad civil”.

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Aupado por una Pascal que intentaba generar entusiasmo en la Casa del Llibre con el apoyo del 'exconseller' Lluís Recoder, entre el público no hubo ningún miembro del Govern de Quim Torra y sí varios cargos del último de Artur Mas. Sobrevolaban la escena un toque de realismo y el fantasma de la escisión. No se trata únicamente de una cuestión de velocidad para dilucidar si la vía lenta lleva a la vía muerta y el TGV puede volver a descarrilar, habría que mostrar claramente estrategias y objetivos. Parece sensato pensar que, si unos y otros no trabajan para aumentar la base social, con el juicio a los presos en marcha, y el exilio, lejos por definición, Campuzano podría llegar a tener razón cuando afirma que “la independencia ya no es lo que era” y no solamente porque en pleno siglo XXI el poder ande mucho más repartido.