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EN CLAVE EUROPEA

Stoltenberg gesticula durante la presentación del informe anual de la OTAN correspondiente al 2017, el 15 de marzo, en Bruselas.

EFE / OLIVIER HOSLET

La OTAN cumple 70 años con viejos y nuevos retos

Eliseo Oliveras

Diplomáticos señalan que la actitud de Trump y el autoritarismo de Hungría, Polonia y Turquía plantean un grave riesgo

La Alianza ha vuelto a focalizarse en su objetivo original, Rusia, mientras EEUU quiere involucrarla en contener a China

La OTAN celebró este 4 de abril su 70 aniversario sin poder ocultar con declaraciones oficiales sus profundas divergencias internas. Durante la reunión ministerial conmemorativa en Washington, el vicepresidente norteamericano, Mike Pence, amonestó a Alemania por no invertir más en defensa y por construir el gaseoducto Nord Stream-2 con Rusia, que reducirá la posibilidad de Estados Unidos de exportar su gas licuado a Europa. El secretario de Estado, Mike Pompeo, amenazó a sus aliados europeos con no compartir información de inteligencia si no se suman al boicot de la compañía china Huawei y advirtió a Francia contra su plan de imponer una tasa digital a las compañías de internet. Pence también acusó a Turquía de “poner en grave peligro a la OTAN” por comprar a Rusia el sistema misiles antiaéreo S-400, en lugar de los Patriot norteamericanos. Washington ya ha suspendido la entrega de los aviones de combate F-35 a Ankara y ha anunciado sanciones si se materializa la llegada de los misiles rusos en julio.

Los dos principales vectores de desestabilización interna de la OTAN son el presidente norteamericano Donald Trump, pese a que EEUU sea el pilar de la Alianza, y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, cuya reorientación geoestratégica chocan con los prioridades aliadas.

Trump no ha perdido ocasión de socavar la credibilidad del compromiso norteamericano con la OTAN y de deteriorar las relaciones con sus aliados europeos con ataques verbales, amenazas y sanciones comerciales. Los exembajadores norteamericanos ante la OTAN Nicholas Burns (2001-2005) y Douglas Lute (2013-2017) acaban de destacar que el mayor problema actual en la Alianza “es la ausencia de un liderazgo presidencial norteamericano firme y basado en principios por primera vez en su historia”. En su informe NATO at Seventy (La OTAN a los 70), Burns y Lute señalan que Trump es considerado como “el más urgente y difícil problema” de la Alianza y lamentan que, cuando Trump acusa a los europeos de aprovecharse de EEUU, olvida los más de 1.000 soldados aliados muertos en combate en apoyo a las tropas norteamericanas en Afganistán.

La exasesora del presidente Barack Obama sobre Eurasia y Rusia, Celeste Ann Wallander, señala en su ensayo NATO’s Enemies Within (Los Enemigos de la OTAN dentro) en Foreign Affairs, que el problema más grave que afronta la Alianza es el abandono de la democracia liberal por Hungría, Polonia, Turquía, porque favorece la corrupción y la capacidad de influir de Rusia en Europa y quiebra la indispensable cohesión interna aliada. Wallander afirma que el comportamiento poco democrático de Trump “ya ha socavado la capacidad de Washington de trabajar con sus aliados”. Burns y Lute también subrayan “la amenaza cancerígena” que supone para la OTAN el comportamiento antidemocrático de Hungría, Polonia y Turquía y que incluso “EEUU puede ser amonestado por el deterioro de sus propios estándares democráticos”.

Afganistán y Libia

Al cumplir 70 años, Rusia vuelve a ser el principal riesgo exterior de la OTAN, tanto por la determinación de Moscú a defender sus intereses geoestratégicos, como por su intervención en Ucrania y sus maniobras de desestabilización política en los países europeos y de la OTAN a través de la financiación de la ultraderecha, los ciberataques y las campañas de intoxicación informativa en las redes sociales. Precisamente, tras la etapa de la OTAN global, con las intervenciones militares en Afganistán y Libia de resultados negativos, la Alianza se replegó en el 2014 a su objetivo original de proteger  Europa de Rusia a causa de su intervención en Ucrania y la anexión de Crimea.

No obstante, las cancillerías europeas occidentales consideran que no existe un peligro real de ataque militar ruso al territorio de la OTAN y de la UE. El especialista en Relaciones Internacionales Charles A. Kupchan de la Universidad de Georgetown destaca que, si la OTAN pusieran fin a sus ampliaciones tras incorporar a los países balcánicos, contribuiría a relajar las relaciones con Rusia y a reducir la ansiedad de Moscú en materia de seguridad. Al valorar la amenaza rusa, hay que tener presente que el PIB de la UE es 11,5 veces superior al de Rusia (2018), que la población de la UE es 3,5 veces más numerosa que la rusa y que el conjunto de los aliados europeos gasta al año en defensa (251.000 millones de euros) cuatro veces más que Rusia.

Mientras Polonia y los países bálticos están más preocupados por la amenaza rusa, a Francia y al flanco sur europeo les preocupa más la desestabilización del norte de África y Oriente Medio por su impacto en la seguridad de Europa. Washington, por su parte, intenta reactivar la OTAN global par involucrarla en su política de contención de China.