09 abr 2020

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LA CLAVE

Unos peatones pasan junto a carteles con la primera ministra británica, Theresa May, y el líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, cerca del Parlamento, en Londres.

TOLGA AKMEN (AFP)

Robots antes que políticos

Olga Grau

Uno de cada tres encuestados europeos confiesa que preferiría que fuera una máquina, antes que una persona, la que guiara el rumbo del país

En el Reino Unido, uno de cada tres encuestados confiesa que preferiría que fuera una máquina, antes que una persona, la que guiara el rumbo del país. Y un porcentaje igual se registra en Alemania y en los Países Bajos. La decepción actual de los ciudadanos con la clase política es tan elevada que aúpa a los populismos al poder en medio mundo. Y llega hasta el punto de generar más querencia por un robot que por Theresa May.

La  tendencia la recoge la primera edición del European Tech Insights 2019 de IE University, un informe que arroja luz sobre el impacto de la tecnología en el futuro de la democracia representativa en Europa. De forma paradójica, los mismos europeos que prefieren a una máquina a un ser humano consideran que la gestión de las nuevas tecnologías es uno de los mayores retos que afrontan los dirigentes de la UE en los ámbitos laboral, ético y social. Temen, sobre todo, que su puesto de trabajo desaparezca por el impacto de la disrupción tecnológica y que no se les eduque para poder seguir siendo necesarios en el mercado laboral.

La realidad es que en un contexto complejo en Europa, con un riesgo elevado de un 'brexit' sin acuerdo y un cuestionamiento general del orden liberal, la agenda política debería priorizar la gestión de la revolución tecnológica. Por el contrario, la coordinación de los gobiernos para decidir las reglas del juego, determinar qué puestos de trabajo peligran, qué educación será necesaria para mantener a las personas empleadas, qué fiscalidad se aplicará o no a la tecnología y qué lineas rojas se determinarán en la interacción con los robots es casi inexistente.

En un reciente seminario de la Fundación Rafael del Pino en Oxford bajo la batuta de Manuel Muñiz, decano de IE School of International Relations, se concluyó que los retos que afronta el sistema político ante la disrupción tecnológica son enormes. El más claro es que se eche más leña en el fuego de los populismos y se ahonde en la desafección. La buena noticia, es que todavía estamos a tiempo de atajarlo. 

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